Con la palabra crisis en boca de todos… ¿es muy frívolo seguir viajando?

Prima de riesgo, acciones preferentes, bonos basura, fuga de capitales, corralito, recortes, rescates, nivel de déficit, especulación, colapso… estos son algunos de los términos que embotan nuestros sentidos durante 24 horas y que han comenzado a dar forma a una auténtica novela de terror que, por entregas, se vende cada día en los quioscos bajo el formato de artículos de prensa.

Para muchos el mantra, el hechizo, las palabras mágicas que rompen esa depresiva situación son otras más cercanas a trenes, planning, atardeceres, vuelos, cultura, visitas, alojamientos… Los viajes suponen, para muchos, algo más que una escapada momentánea de la rutina. Son una forma de plantearse la vida, suponen esa formación continuada que tanto se necesita, son un balón de oxigeno y una inyección de inquietud y creatividad.

Pero, tras años envueltos en una crisis que va mucho más allá de ser sólo económica, tras estar ciegos y sin luz en el horizonte y viviendo con esa penitencia que nos repiten a cada segundo de: tienes suerte de tener trabajo, o tienes suerte de no tener una familia a tu cargo o, simplemente, tienes suerte: todo puede empeorar en cualquier momento hoy me planteo si este blog, si mis nuevas guías, si mi obsesión viajera es un lujo al que debo resistirme… o es algo más.

Sin entrar en lo que puede costar un viaje y en si se puede viajar por menos dinero del que te gastas en tu casa sí me planteo: ¿son los viajes algo demasiado frívolo para que sigamos hablando de ellos?; ¿plantearse una escapada a un lugar lejano es  ser un inconsciente en los tiempos que corren?, ¿tenemos que rendirnos y dejar aparcadas las mochilas hasta que vuelvan los tiempos felices para todos?

Puede parecer absurda esta perorata porque para muchos la respuesta a estas dudas es sencilla: viaja si tienes posibilidades para hacerlo y no lo hagas si no puedes permitírtelo pero… ¿es esta una solución solidaria?

Quién sabe…

Caminos y viajes

Cuando viajar parece un lujo y no una necesidad a los ojos de un atormentado público cuesta justificar que puede no serlo. Que, de hecho, para muchos no lo es aunque se valore como si fuera la mayor riqueza. Pero, quizás, eso sea por falta de miras, por no plantear el viaje como algo más que un mero disfrute. Ahora que los recortes llegan a la educación, quizás los viajes deban ser valorados como sustitutos a ese déficit de conocimiento que este hecho nos dejará porque con los viajes aprendemos más de lo que pagamos por ellos y no debe haber ninguna crisis que pueda poner freno a nuestro aprendizaje, a que sigamos abriendo nuestras mentes a nuevos planteamientos y a que sigamos creciendo como ciudadanos.

Para acabar, un par de citas de Claudio Magris que apoyan esta idea y que aparecen en el libro que ahora tengo entre manos, El infinito viajar:

“Viajar enseña el desarraigo, pero sentirse extranjero entre extranjeros acaso sea la única manera de ser verdaderamente  hermanos. Por eso, la meta del viaje son los hombres; no se va a España o a Alemania, sino entre los españoles o entre los alemanes”.

“El viaje como persuasión (…) La persuasión, la posesión presente de la propia vida, la capacidad de vivir el instante, sin sacrificarlo al futuro, sin aniquilarlo en los proyectos y los programas, sin considerarlo simplemente un momento que se ha de hacer pasar pronto para alcanzar cualquier otra cosa”.

 

Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (3)

Últimas horas antes de abandonar Málaga pero aún queda muchos sitios interesantes por los que pasear.

Un buen sitio para empezar la visita es el Mercado de la Atarazanas que aún conserva una bonita puerta de entrada que pertenecía al edificio nazarí que hacía las funciones de astillero.

Cerca del Mercado empieza la llamada Alameda Principal, una importante avenida repleta de árboles y coches que desemboca en el Paseo del Parque.

Desde allí se puede coger un autobús que te sube hasta el Castillo de Gibralfaro aunque si te has levantado con fuerzas bien puedes subir andando a través de un agradable camino que pasa por la Aduana y la Alcazaba. Las vistas desde lo alto del castillo permiten contemplar toda la ciudad de Málaga e ir uniendo mentalmente todos los puntos que has visitado los días anteriores.

Vistas de Málaga desde el Castillo

El paseo natural pasa del Castillo a La Alcazaba, uno de los pocos recuerdos de la época medieval que se conservan en la ciudad, y de allí al Teatro Romano.

Otro recorrido interesante es el que te lleva desde el edificio de la Aduana (actualmente en obras) al Ayuntamiento y los Jardines de Puerta Oscura. Para regresar de nuevo, por el Paseo del Parque.

Detalle de flores en Málaga

Otro sitio típico-tipiquísimo de Málaga para comer es El Pimpi (no confundir con El Pimpi La Florida). Este famoso local da a varias calles de la ciudad, entre ellas la concurrida calle Granada, y en sus diferentes salones se muestran fotos de celebridades y cubas de vino dedicadas por los amigos del Pimpi más conocidos.

Bodegas El Pimpi

Quizás, si el día es caluroso te apetezca un helado, que mejor que probar los de Casa Mira, un local con más de 100 años de historia que está siempre de bote en bote.

Y como el tiempo antes de volver a casa se agota, sólo resta un último paseo viendo algunos templos importantes de la ciudad como la Iglesia del Santo Cristo de la Salud o el Santuario de Nuestra Señora de la Victoria o simplemente, callejeando por los lugares que más nos hayan gustado de lo visto estos últimos días.

Toca regresar. Toca poner el paréntesis de cierre a estos tres días paseando por esta ciudad del sur calmada en esencia pero de alma inquieta.

 

 

De interés:

Para los viajeros adictos a su smartphones, Málaga ofrece dos apps muy interesantes y útiles:

Por un lado, Málaga Ciudad Genial, una app que incluye planos e información práctica de la ciudad.

Además, la app EMT Málaga permite, a través de la realidad aumentada, encontrar qué parada de autobús hay en las cercanías y saber en todo momento cuánto va a tardar el bus que estamos esperando.


 

Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (2)

El marketing de ciudades y países insiste a las ciudades en que necesitan una identidad que las haga diferente y que permita asociarlas automáticamente a ese concepto cuando su nombre salga en la conversación.

Málaga se ha posicionado en la “genialidad” basándose en la figura de Pablo Picasso, pintor malagueño que abandonó la ciudad con tan sólo 18 años y a la que nunca más volvió, aún así, inspirados en él se han creado numerosas rutas para descubrir la ciudad que atraen, especialmente, al turismo internacional.

Todas estas rutas tienen una cita imprescindible: el Museo Picasso de Málaga; un buen lugar para empezar el segundo día de visita a la ciudad.

Fachada Museo Picasso de Málaga

El Museo ocupa las instalaciones del Palacio de Buenavista, un precioso recinto que compite en valor con las obras que acoge. Además de la colección permanente, suele haber un par de exposiciones temporales de interés. Desde este mes de marzo y hasta el próximo 10 de junio, se puede visitar “Conmigo, yo mismo, yo” un conjunto de retratos fotográficos de Pablo Picasso verdaderamente curioso.

Por supuesto, estamos ante una de las llamadas “visitas imprescindibles” de la ciudad y este hecho tiene sus consecuencias: colas, gente que va al museo porque hay que ir aunque no está interesado, ruido en la sala… Una lástima, pero esto pasa en el Museo Picasso, en el Prado o en el propio Hermitage.

Ahora bien, también hay que reconocer que el Museo Picasso de Málaga no pone mucho de su parte: ¡un domingo en pleno puente había una única persona vendiendo entradas! Dejando de lado la burocracia y los turistas, el museo es pequeño pero interesante y merece dedicarle un par de horas.

A la salida te espera un circuito por otros edificios conmemorativos del paso de Picasso por Málaga como son la Iglesia de Santiago, su casa natal, la Fundación Picasso o el monumento en su honor que se encuentra en los Jardines que llevan su nombre.

Después de este recorrido tan inspirado, toca coger un autobús y alejarse un poco del centro de la ciudad; próxima parada: Jardín histórico-botánico La Concepción. Si vas en fin de semana, lo mejor es coger el autobús 61 que te deja en la puerta del jardín. La Concepción es el resultado del sueño de una pareja de aristócratas que, tras recorrerse Europa, volvieron a Málaga con la idea de crearse un lugar en el que disfrutar de la calma y la tranquilidad tan al estilo de los parques europeos. Un siglo después, es considerado el jardín tropical más importante de España… y no es para menos. Pasear entre sus caminos de flores es un genial forma de desconectar de la rutina viajera.

Flores en La Concepción

Vuelta a Málaga y antes de seguir con la ruta hay que hacer una pausa necesaria en la Antigua Casa de Guardia para probar sus vinos con una ración de gambas mientras los parroquianos y camareros te cuentan alguna de sus historias. Se trata de un de los locales más auténticos de toda Málaga pero, eso sí, cuidado con sus vinos porque enganchan.

Antigua Casa de Guardia Málaga

El siguiente destino es el Centro de Arte Contemporáneo que ocupa lo que antiguamente era un mercado de mayoristas. Sus grandes estancias están llenas de tendencias y creatividad y, aunque no está en todos los circuitos turísticos, debería hacerse un hueco para su visita en cualquier planning.

Centro de Arte Contemporáneo de Málaga

Y para acabar la tarde de una forma tranquila lo mejor es dar un relajado paseo por El Parque y el Puerto de la ciudad para acabar en la Playa de la Malagueta.

Puerto de Málaga

Si a estas horas ya estás pensando en cenar algo, aquí tienes una recomendación El Pimpi la Florida. ¿Qué tiene de especial este pequeño bar de barrio? Todo, pero, especialmente el buen humor que se disfruta. Eso sí, ve pronto porque es difícil conseguir sitio.

El Pimpi la Florida

Una vez allí, disfruta de la copla a todo volumen, de su excepcional marisco y de los vinos que vayan cayendo uno detrás de otro.

 

Escapando: Fin de semana de tres días en Málaga (1)

Desde que hace 5 años se inaugurara el AVE que une Madrid y Málaga en tan sólo dos horas y media, los 540 kilómetros de distancia que separan ambas ciudades ya no son un problema para pasar un fin de semana en la ciudad andaluza.

Buganvillas caídas

Si madrugas y tomas el AVE de las 7:30h, a las 11h estarás desayunando tan ricamente en el Café Central de la Plaza de la Constitución, todo un clásico entre turistas y lugareños. Es famoso el mural que en su interior muestran las infinitas formas de pedir café que existen en Málaga y por su excelente ubicación aunque, sin duda, encontrarás mejor servicio en cualquier otro bar de la ciudad.

De la misma Plaza de la Constitución sale el Pasaje de Chinitas, una pequeña calle que acogía anteriormente el conocido Café de Chinitas y en la que ahora los restaurantes y las tiendas de souvenirs que se solapan unos con otras, intentan mantener vivo el espíritu tradicional de esa zona.

Detalle del Patio de los Naranjos

Siguiendo su senda se llega al Patio de los Naranjos donde están dispuestas la Iglesia del Sagrario y la Catedral. La primera ocupa el lugar de la anterior Mezquita y aunque de reducidas dimensiones tiene tanto una fachada como un interior interesantes; ni por historia ni por monumentalidad puede hacer frente a su vecina pero por sensaciones, me quedo con la que te provoca el Sagrario. Por supuesto, es difícil decir que no a la Catedral y terminas pagando los 5€ de la entrada; su interior, monumental y tradicional, no consigue dar la sensación de aplomo y espiritualidad que otros templos españoles sí logran. Su interior es… frío, a pesar del fantástico coro, el imponente órgano y un par de pequeños retratos curiosos la impresión con la que salí (y aquí recurro a la primera persona porque es una opinión aún más subjetiva que la que existe en todo el post) es que no hubiera pasado nada si no hubiera entrado.

Catedral de Málaga

Tras salir de la Catedral y rodearla hasta la Plaza del Obispo te encuentras con la entrada al Palacio Episcopal, uno de los edificios más interesantes de la ciudad y mejor conservado, que acoge el Museo de Málaga.

Interior del Palacio Episcopal de Málaga

Volviendo por nuestros pasos iremos al encuentro del nuevo Museo Carmen Thyssen. Hace justo un año, el rehabilitado palacio de Villalón abrió sus puertas para mostrar la colección de arte personal de Carmen Thyssen. Se trata de un museo pequeño pero excelentemente iluminado y con obras magníficas. De momento, no parece estar excesivamente solicitado por lo que pasear entre sus cuadros es una agradable experiencia. Especialmente significativos son las obras de Antonio Maria Reyna -Vista de Venecia-, Julio Romero de Torres -La Buenaventura-, Ramón Casas –Julia-, Eugenio Lucas Villaamil -Llegada al teatro en noche de baile de máscara-, Guillermo Gómez Gil –Lavandera- y Enrique Martínez Cubells -La Puerta del Sol de Madrid-.

Terraza del Museo Carmen Thyssen

Si, como yo, acabas de llegar de Madrid o de cualquier punto del interior seguro que estás deseando escaparte a ver el mar… la hora de la comida es un buen momento para hacerlo

El autobús 11, que se coge en el Paseo del Parque, te lleva a la Playa del Chanquete donde tienes una enorme oferta de bares, restaurantes, chiringuitos y demás lugares para disfrutar de una gran comida.

Uno de ellos, siempre a rebosar, es El Tintero. Se trata de un sitio algo diferente al resto de los locales que se apiñan al borde de la playa ya que en este restaurante se “subastan” los platos de pescaito que van saliendo de la cocina. Por eso mismo, se trata de un lugar muy ruidoso pero, al mismo tiempo, muy divertido. Es una experiencia estar a la caza del plato atento a los gritos de “boquerones”, “salmonetitos fritos”, “la peregrina a la plancha”, “una tropical”… y el puntual: “y yo cobro” que anuncia que la persona encargada de hacer la cuenta de la mesa está cerca. Sin duda, uno de esos sitios memorables que recordaras tanto por su comida como por la experiencia, más allá de lo culinario, que supone estar allí.

Restaurante El Tintero en Málaga

Y luego queda una tarde para pasarla paseando por la playa y tomando algo en sus cafés, como el Mandala, en el Paseo Marítimo del Pedregal número 3, con una excelente terraza en la que ver ponerse el sol sobre el mar.

Vuelta al centro de la ciudad, por suerte, Málaga cuenta con un amplio y frecuente servicio de autobuses por lo que el regreso no será muy pesado. Un consejo, aunque se trata de una ciudad accesible a pie, conviene echar cuentas y sacarse una tarjeta de autobuses ya que de esta forma el viaje saldrá mucho más barato que pagando cada billete suelto.

Toca pensar en irse a descansar. Un posible alojamiento es el Hotel Larios de la cadena Room Mate; que tiene una excelente ubicación y unas bonitas habitaciones.

Unas horas antes estabas abandonando la estación de Atocha con un cielo aún sin color. Ahora, te acuestas con el eco del mar, el olor del pescaito y la sensación de que mañana será otro gran día.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: Z de Zigzaguear

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Tren Transiberiano

Z de Zigzaguear

Viajar a través de la ruta Transiberiana significa andar, moverse, desplazarse pero dejándose llevar; evitando la línea recta, las prisas y los atajos. Creando nuevos caminos que giren donde lo hacen los ríos, que sigan la curva de la montaña, que se paren cuando llega el lago, que vayan de un lado a otro creando ángulos perfectos para hacer esa foto que todo el mundo tiene en la memoria y que es, sin duda, un zigzag perfecto.

Si quieres hacer el Transiberiano tienes que tenerlo claro: vas a zigzaguear mucho, quizás demasiado. Porque Moscú y Beijing tenían muchas formas de unirse, pero la vía del tren no escogió la más directa pero sí la más legendaria.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: Y de Yurt

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Yurt sobre un escenario nevado

Y de Yurt

Los Yurt o Ger son las tiendas tradicionales que los nómadas mongoles han empleado, y siguen haciéndolo, como vivienda habitual.

Se trata de construcciones circulares que son fácilmente desmontables y que están bien protegidas por cubiertas exteriores para proteger a los inquilinos del duro clima de Mongolia.

En su interior, se colocan una serie de camas en los laterales que sirven a su vez de asientos y, en el centro, se ubica una estufa que calienta la estancia y sirve para cocinar.

Dormir en un yurt es algo indispensable cuando se visita Mongolia y no sólo por la experiencia que supone sino porque no existe, fuera de la capital, otro tipo de alojamiento posible.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: X de X (el factor desconocido en toda ecuación)

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

El Tren del Transiberiano que nunca cogimos

X de X (el factor desconocido en toda ecuación)

Un viaje que no te provoque vértigo, que no te haga contener la respiración y en el que no encuentres mil y un cruce de caminos posibles tiene poco de viaje y demasiado de vacaciones.

El Transiberiano, por mucho que algunos usemos nuestros días de vacaciones para hacerlo, es un auténtico viaje en el que la incertidumbre, las dudas y los problemas son parte del equipaje.

Y qué puede pasar: que pierdas un tren porque no sabes leer cirílico, que confundas la hora de salida de un avión, que te roben en un metro, que te encuentres con una nevada inesperada, que se acaben los billetes del único tren que podías coger, que la ventana del vagón no cierre, que te siente fatal la leche de caballo fermentada, que no consigas un alojamiento con agua caliente, que…

Hacer el Transiberiano supone estar preparado para lanzarse cada día por una montaña rusa y dejar que sus curvas y contracurvas te lleven por donde ellas crean, y es que en este viaje los raíles nunca son rectos ni fáciles de seguir.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: W de WC

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Baño tren Transiberiano

W de WC

Cuando te pones a informarte sobre el Transiberiano y empiezas a participar en foros de viajeros te das cuenta que una de las preguntas más habituales que aparecen en estas conversaciones es sobre el estado de los baños de los trenes: si tienen duchas, si se forman largas colas para usarlos, si se limpian regularmente, si tienen papel…

Intentar aquí generalizar cómo son los baños de los trenes del Transiberiano es tan ridículo como hacerlo sobre el estado de los aseos de los bares de una ciudad.

Depende del tipo de tren, de la provodnitsa que esté al cargo y de los compañeros de vagón que te toquen en suerte.

Pero, una advertencia: si vas a realizar el Transmongoliano tu preocupación no tienen que ser los WC de los trenes si no los que te encontrarás en Mongolia… y allí (desgraciadamente) sí que se puede generalizar.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: V de Visado

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Visado ruso, mongol y chino

V de Visados

El tema de los visados ha sido uno de los más tratados en el blog.

Ver cómo gestionar el visado ruso

Ver cómo gestionar el visado mongol

Ver cómo gestionar el visado chino

No viene al caso volver a explicar aquí su importancia y la dificultad para obtenerlos.

Son una necesidad del viaje, más o menos molesta, tan imprescindible como tener el medio de automoción que te lleve al punto de origen desde el que comienza la ruta o una mochila/maleta en la que cargar tus cosas. Pero, también, son un curioso souvenir que gusta conservar para, una vez finalizado el viaje, poder volver a viajar a esos lugares al pasar una y otra vez las páginas de un pasaporte que se ha convertido en el mejor libro de viaje posible.

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: U de Ulan Bator

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Amanecer desde el tren en Ulan Bator

U de Ulan Bator

Hay una parada que no está en la ruta del Transiberiano sino en la del Transmongoliano: Ulan Bator (Mongolia) y cuya existencia determina, en buena parte, la elección de uno u otro recorrido.

Aunque el término Transiberiano suena más romántico y legendario que el de Transmongoliano, mucha gente elige este segundo itinerario y esto se debe a la posibilidad de internarse en uno de los países que ostenta la mayor desproporción del mundo entre kilómetros cuadrados de extensión e información que de él se dispone.

Mongolia es una auténtica aventura y una verdadera oportunidad que hay que aprovechar si se va a hacer el viaje.

Ulan Bator, la capital, es un lugar gris e incómodo pero termina resultando la forma más sencilla de empezar a moverte por el país, eso sí, con disponer de un par de horas para pasear por la ciudad tendrás tiempo de sobra para ver los puntos de interés. Del resto de la ciudad te harás una idea en las horas y horas que pasarás en un atasco para entrar y salir de la ciudad. Por eso, si llegas a Ulan Bator en el tren de las siete de la mañana, intenta salir ese mismo día a descubrir el país y es que U.B. no es, para nada, la imagen de Mongolia que buscas.