Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

F de Fronteras
Este viaje es un abrir y cerrar fronteras como si de un pasillo lleno de puertas se tratase.
En la inmensidad del continente asiático, estas tres fronteras terrestres sirven para poner una hipotética línea de meta y salida a cada uno de los tramos.
Comienzas abandonando Helsinki y entrando en Rusia. El tren se detiene, varios guardias fronterizos rusos acceden al vagón, piden a los viajeros su pasaporte con el visado, la pequeña hoja de acceso completada y que identifiquen su equipaje. En menos de 10 minutos el tren vuelve a rodar, esta vez en territorio ruso.
Será la última vez durante el viaje, que entrar (o abandonar un país) sea una cuestión rápida y sencilla.
La siguiente frontera vuelve a ser la rusa, esta vez para salir de su territorio camino de Mongolia.
La realidad dice que es un proceso aburrido; muy aburrido. La leyenda habla de robos, chantajes y problemas. La verdad es que con llegar cargado de paciencia, buena compañía y algo que ayude a pasar el rato es suficiente: ni sellos de los hoteles, ni registros de las mochilas, ni preguntas. La mafia rusa prefiere acampar en las ciudades a infiltrarse en las fronteras.
Después de horas de espera y cuando por fin parece que has dejado atrás la burocracia rusa, te encuentras con la frontera mongola. Ya has sido autorizado a abandonar Rusia, ahora sólo queda que te admitan en Mongolia. Y, por supuesto, lo harán… pero antes tendrás que esperar un par de horas más, volver a completar el mismo formulario de siempre y mirar sonriente a los funcionarios que intentan encontrar semejanzas y diferencias entre la personita de la foto de tu pasaporte y tu misma.
Salir de Mongolia es más rápido que entrar, quizás para compensar las horas que estarás en la frontera China. Toca cambiar de bogies, elevando para ello, uno a uno, a todos los vagones que conforman el tren. Por supuesto, volverás a escribir los mismos datos de siempre, volverás a identificar tu mochila y mirarás al funcionario hasta que este decida devolverte el pasaporte y dejarte entrar a los aposentos de su país. En este viaje, hay tantos guardianes de las llaves como controles fronterizos te encuentras y es que, no lo olvidemos, por muy lejos que estés el Transmongoliano es un viaje que te lleva de puerta a puerta.