Argentina y Chile en tránsito :: Día 14, toneladas de decepción bajo el mar en Península Valdés

En todo viaje hay un día que amanece plomizo y ese adjetivo se instaura en toda la jornada. Lástima que en esta ocasión tuviera lugar durante nuestra estancia en Puerto Madryn.

Ballena en Península Valdés

Una de las partes del viaje que más me ilusionaba era conocer la reserva natural de Península Valdés y, muy especialmente, realizar una salida en barco para navegar entre ballenas.

Claro que siempre en el origen idealizamos sin querer ciertos destinos pero esta vez mi cabeza fue demasiado lejos a la hora de pensar cómo sería el paseo en barco entre ballenas.

Desde nuestro alojamiento en Puerto Madryn hasta la entrada a la Reserva de Península Valdés se tardaba 2 horas en coche; la carretera está mayoritariamente asfaltada y el camino es sencillo. Una vez entras en el parque tienes que pagar 208ARS (unos 27 euros al cambio) para acceder al mismo; este precio es por dos personas + un coche. Una vez dejas atrás el puesto de control de entrada, la carretera empieza a empeorar hasta que se convierte en puro ripio (gravilla), íbamos avisados así que no nos sorprendió.

La primera decepción del día fue Puerto Pirámides el lugar desde el que salen todos los barcos. Ese lugar no deja de ser unas cuantas casas juntas que son en un 90% agencias que se encargan de realizar los avistajes. Inesperadamente, a pesar de haber unas decenas de agencias todas ellas tenían programadas las salidas para, exactamente, la misma hora. Así bien, cuando llegamos, nos dieron la opción de subir corriendo a una que estaba a punto de partir o esperar un par de horas hasta la siguiente inmersión. Como preferíamos comparar precios y barcos, decidimos optar por lo segundo pero, sinceramente, tampoco sacamos mucho en claro porque por primera vez en lo que llevábamos de viaje, la gente con la que nos encontrábamos en las agencias eran poco encantadores. Finalmente optamos por salir al mar con Hydro Sport, la razón fue que tenía sitio en la siguiente inmersión, que el grupo era únicamente de 8 personas (hay que tener en cuenta que aquí llegan decenas de autocares con grupos de turistas que tienen pactadas ya las salidas y que a veces meten a viajeros independientes dentro de estos grupos para rellenar el pasaje… lo que tiene que ser un auténtico horror) y que salen con lanchas que aunque llegan menos lejos que los barcos se acercan más a las ballenas. El precio por persona fue de 370ARS (unos 49 euros).

Empresa Avistaje de Ballenas

Mientras esperábamos a la salida de nuestro grupo paseamos por la playa que, sin cielo azul, tenía un aspecto más bien triste. Lo que sí es curioso es que desde la misma orilla puedes llegar a ver a estos cetáceos, lo que te hace hacerte una idea de lo cerca que están.

Cuando nos tocó la hora de ponernos los chalecos salvavidas y subirnos a la barca llegaron los nervios y la impaciencia: ¡era el momento de cumplir uno de mis sueños del viaje!

¿Vimos ballenas? Sin duda. Nada más salir nos encontramos con una ballena y su cría, luego una nueva pareja… nos fuimos adentrando mas pero tardamos demasiado tiempo en encontrar nuevas ballenas que ver de cerca. El mejor recuerdo lo dejó la última ballena que nos encontramos: era un enorme ejemplar que se despidió de nosotros con una preciosa sumergida dejando su aleta suspendida en el aire, y en nuestros futuros recuerdos.

Ballena en Puerto Pirámides

En la barca nos contaron que las ballenas francas de Península Valdés están en peligro por el ataque continuado de las gaviotas cocineras. De hecho, en nuestro bote iba una bióloga que estaba realizando un recuento de ballenas heridas en la zona. Muchas de las ballenas con las que nos encontramos en el recorrido mostraban marcas producto del ataque de las aves; lo que es una verdadera pena pero no sé si la decisión de las autoridades de Chubut de matar a las gaviotas es la solución adecuada a este problema.

Ballena herida por el ataque de las gaviotas

Tras regresar a tierra volvimos a subirnos al coche y comenzamos una ruta por el resto de puntos de interés de Península Valdés. Primero fuimos a Punta Norte donde vimos multitud de elefantes marinos y lobos de mar descansando en la arena y de ahí a Punta Cantor.

Punta Norte

Teníamos mucho miedo a estas “peligrosas carreteras de ripio” de las que todo el mundo hablaba en los foros y blogs pero, una vez allí, nos dimos cuenta que más que peligrosas son soporíferas… si cumples la velocidad máxima impuesta (50 kilómetros hora) el mayor problema que puedes tener es que te quedes dormido al volante ya que el paisaje es tan monótono y la actividad a tu alrededor es tan nula que a veces tienes la sensación de estar detenido.

Carretera de ripio en Península Valdés

Aún así, merece la pena adentrarse más allá de Puerto Pirámides; la belleza del mar en esta zona es espectacular además, en Caleta Valdés tuvimos la grandísima suerte de ver a un trío de orcas. Se encontraban muy cercanas a la costa y vigilaban atentamente a los leones marinos que estaban en la orilla… parecía una película de terror aunque, finalmente, las orcas desistieron y se volvieron a adentrar en el mar.

Orca en Península Valdés

El viaje de vuelta a Puerto Madryn se nos hizo largo. Conducir por la noche en esas carreteras no era cómodo y desde Caleta Valdés había más de 3 horas de viaje.

Una vez en nuestra casa alquilada reflexionamos sobre si había merecido la pena todo el esfuerzo (y el gasto) que había supuesto incluir a Puerto Madryn en el viaje (dos vuelos + alquiler de coche + gasolina). Aún no tengo clara la respuesta: si volviese a ir a Argentina me saltaría sin duda esta parte del viaje pero esto es muy fácil decirlo una vez que has estado en un sitio; de hecho de lo que sí estoy segura es que si no hubiera podido cumplir mi ilusión de navegar entre ballenas me habría vuelto de Argentina con la sensación de haber dejado cojo el viaje… ¡Qué difícil es acertar siempre en los viajes!

 

 

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  1. November 13th, 2013
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