Argentina y Chile en tránsito :: Día 20, El Chaltén, un paraíso para los excursionistas.

El Chaltén no es ni mucho menos la zona más conocida de Argentina y ahí reside su encanto o, al menos, parte de él pero, con menos de 25 años de historia, la fama de este minúsculo pueblo no deja de crecer. Y, la verdad, motivos no le faltan.

Vistas de El Chaltén

En pleno Parque Nacional de Los Glaciares, a 3 horas de viaje desde El Calafate y  con todas las comodidades que los apasionados de la montaña buscan (hoteles de todos los bolsillos, restaurantes, supermercados, tiendas de productos de trekking, servicio de guías…) este pueblito de 2000 habitantes tiene muy claro qué puede ofrecer. Y lo hace de maravilla.

Si no tienes intención de calzarte unas botas de montañas y lanzarte senda a través, El Chaltén no tiene demasiado que ofrecerte y eso lo digo a pesar de que fue el lugar donde más a gusto me sentí de todo el viaje.

Ruta Laguna Torre

Si hubiera que personificar la fama de El Chaltén, el nombre y apellido del vecino más ilustre sería sin duda el majestuoso Fitz Roy, el cerro que preside la cordillera y al que tanto vecinos como visitantes rinden pleitesía cuando se digna a aparecer.

Ahora bien, como todo en esta vida, un viaje es un juego y a veces te tienes que arriesgar aún sabiendo que puede no salir bien. En nuestra visita a El Chaltén suerte, lo que se dice suerte, no tuvimos: lluvia, nieve y viento nos acompañó los dos días de marchas. Eso sí, a media tarde, cuando ya volvíamos calados y agotados hacia el refugio, el día quedaba claro… Aquí Murphy nos miró muy pero que muy mal.

Pero como una vez que estás allí no vas a quedarte en el hotel (por cierto, muy recomendable el B&B Nothofagus. Uno de los mejores alojamientos de todo el viaje) te lanzas a la montaña confiando en que las previsiones se equivoquen.

B&B en El Chaltén

Para la primera salida elegimos la ruta a la Laguna Torre. Este trekking, no demasiado exigente, duraba unas 6 horas en total (ida y vuelta por el mismo camino).

Trekking El Chaltén

El camino hasta la Laguna es a través de bosques y arroyos, siguiendo el curso del río de Las Vueltas. El camino está perfectamente señalado y es un trekking muy agradable (con nosotros, además, el tiempo   se portó bastante bien). La llegada a la Laguna Torre impresiona, primero por los picos extraordinarios que la envuelven (yo sólo los intuía por las nieblas que en ese momento empezaban a bajar) y segundo porque durante todo el año en sus aguas flotan fragmentos de hielo desprendidos del Glaciar Grande. Para ponerle emoción a la subida desde la Laguna empezó a nevar y a soplar el viento hasta que en un momento no veíamos un metro más allá de nuestras narices.

Laguna Torre

La vuelta a El Chaltén, empapados, fue menos agradable que la ida pero tras una taza de té caliente, volvimos a sentir lo increíble que era estar en un sitio así… aún a pesar de las nubes que seguían ocultándonos el Fitz Roy.

 

 

  1. No comments yet.

*