Argentina y Chile en tránsito :: Día 9, de paseo por una nueva primavera

La expresión “De paseo” que viene a ser lo mismo que “de turismo” me parece una forma lindisima de referirse al viaje. La primera vez que la escuche, sin embargo, me pareció una especie de desprecio cuando en el agente del control de inmigración a la entrada de Argentina me pregunto si estaba paseando. Entonces no supe contestarle pero a esta altura del viaje esa expresión me salía con mas naturalidad que su equivalente en castellano.

Árbol centenario en Puramarca

Este día tocaba, nuevamente, “ir de paseo”. En esta ocasión hacia el norte de Salta para ver la Quebrada de Humahuaca (y Puramarca, el Cerro de los Siete Colores, Jujuy y Humahuaca). Esta es la visita que sustituía a mi soñado Tren de las Nubes. Finalmente, el alto precio del billete, las largas horas del viaje y, especialmente, el rollo turístico que tiene ahora el recorrido hicieron que optase por sustituir el trayecto en tren por esta excursión a esta zona declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Lo que en España me parecía una decisión difícil de tomar al final no lo fue tanto,  el norte de Argentina tiene demasiadas zonas bonitas por recorrer como para “perder” un día en un tren (aunque la experiencia seguro que valga la pena y espero tener oportunidad, en otra ocasión, de disfrutarla).

Calle de Puramarca

La excursión de esta jornada era mas larga que la del día anterior y parte del recorrido se hacía por la ruta Panamericana que se prolonga durante más de 30.000 km. (desde Buenos Aires hasta Alaska).

En este día tomamos conciencia de estar disfrutando de una segunda primavera: días calurosos (36 grados de media) y con todo el campo lleno del color de las primeras flores. Por supuesto la primavera tiene otro aspecto menos bueno para el viajero que son las tormentas las cuales amenazaban, según las previsiones, nuestros próximos días pero, por el momento, tocaba disfrutarla.

Flores en Purmamarca

La excursión comienza con una parada en un mirador para disfrutar de las mejores vistas del espectacular Cerro de los Siete Colores, un paisaje tan asombroso que cuesta creer que sea real. Después pudimos recorrer las calles de Puramarca, una pequeña población abrazada por el propio Cerro. Sus calles de adobo siguen llenas de paz y sosiego a pesar de ser un importante núcleo turístico.

Cerro de los Siete Colores

Toda esta región es muy distinta a las imágenes que el turista occidental tiene de Argentina. No lo olvidemos, estamos a un escaso centenar de kilómetros de la frontera con Bolivia y el espíritu andino cada vez toma más identidad.

Antes de llegar a Humahaca hay otra visita imprescindible. Se trata de Tilcara donde nadie debería perderse la fortaleza precolombina de Pucará (para mí uno de los lugares más atractivos de esta zona). Cardones gigantescos y ruinas desordenadas acompañan en el ascenso hasta la cumbre desde donde se obtienen unas vistas espectaculares del valle.

Pucará de Tilcara

Hacia el medio día se llega a Humahuaca, la población que da nombre a la Quebrada y la que alberga toda la fama: a multitud de restaurantes y tiendas orientadas al turismo que se apelotonan en sus aceras lo confirman. Aún así, es un placer pasear por sus calles adoquinadas (¡cuidado con vuestros tobillos!) en busca de una sombra en la que refugiarse del apremiante calor.

Calle de Humahuaca

Ya de regreso hacia Salta siguen quedando interesantes visitas que realizar, como la de Uquía donde se encuentra en la Iglesia de San Francisco de Paula en la que se encuentran unos curiosos frescos en los que se representan a los arcángeles armados como si de un ejército se tratase. Estos seres alados vestidos como caballeros renacentistas es el resultado de la como la imaginación indígena veía a estas celestiales criaturas.

El Cerro de los Siete Colores tiene un competidor en esta zona de la Quebrada: se trata de la Paleta del Pintor la cual se encuentra en el término de la ciudad de Maimará cuyo curioso cementerio hace aún más sorprendente la visión del cerro.

La Paleta del Pintor en Maimará

Antes de volver a Salta, el autobús hace una última parada en Jujuy. La ciudad más septentrional de Argentina. Esta coqueta ciudad se encuentra a menos de 100 kilómetros de Salta. En ella se puede visitar su catedral, la plaza principal y el palacio del Gobierno donde podréis salir al balcón que da a la plaza como si fuerais una celebridad.

Palacio del Gobierno de Jujuy

Ya anocheciendo, la excursión retorna a Salta.

Nuestra última noche en la ciudad se merecía una buena cena de despedida y, sin duda, encontramos el mejor sitio para celebrarla: José Barlcarce; un precioso restaurante de  cocina de altura en el que se combinan platos típicos de la región reformulados con mucha maestría y cuidando las materias primas.

Nos quedaban sólo unas horas en Salta, por suerte, el atractivo nuestro siguiente destino, las cataratas de Iguazú, era suficientemente poderoso para que no nos diera excesiva pena pero aunque no fuéramos conscientes de ello en ese momento, Salta sería un referente que nos acompañaría durante todo el viaje. El desconocido y delicioso norte de Argentina es tan acogedor como adictivo; estás avisado :)

 

 

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