Archive for the ‘ En la Islandia de Sigur Ros ’ Category

Tres relajantes experiencias acuáticas

Con tanta lluvia últimamente cuesta pensar en otra cosa que no sea agua pero, en esta ocasión, vamos a pensar en agua placentera y llena de historia… Estas son mis tres experiencias acuáticas y relajantes más memorables:

–          Un onsen japonés

Los onsen son los tradicionales baños de aguas termales que hay en Japón. Hay de diferentes formas y estilos pero todos ellos comparten una misma filosofía: no sólo hay que limpiar el cuerpo, también hay que purificar y relajar el espíritu después de un día intenso.

La primera vez que probé un onsen fue en Asahidake, en un ryokan cerca del Parque Nacional de Daisetsuzan. En esta ocasión el onsen contaba con una parte interior (parecida a la de cualquier zona de duchas en la cual la gente va a asearse) y un área exterior donde se encontraba el tradicional ofuro. El ofuro o bañera es el espacio destinado a la relajación y, en este caso, se trataba de una pequeña bañera de piedra donde se recogían las aguas termales que alcanzaban hasta los 40º de temperatura.

La sensación una vez te has sumergido es muy placentera ya que mientras tu cuerpo se encuentra descansando a altas temperaturas, tu cabeza se mantiene despierta y despejada gracias al aire fresco del exterior. La relajación que consigues durante el tiempo que permaneces en el onsen no se pierde cuando sales; pero, en contra de lo que se podría pensar, una vez fuera te sientes lleno de energía y con la cabeza despejada.

Nota de la experiencia: 9/10

Onsen en Asahidake

–          Una piscina natural en Islandia

Islandia y Japón comparten una esencia volcánica que las convierte en zonas muy proclives al desarrollo de aguas termales, esto se nota, además, en sus culturas en las que conviven el fuego de sus volcanes con la filosofía purificadora del agua.

En Islandia, además del famosísimo y turístico Blue Lagoon (cerca de Reikiavik), existen otras piscinas naturales muy recomendables. Yo fui a una de ellas: los baños naturales de Myvatn.

Sus aguas geotérmicas son ricas en minerales y microorganismos y tienen un color azul turquesa bastante desconcertante.

Sus aguas están extremadamente calientes y si tienes la desventura de llegar a ellas un día con un increíble vendaval (como me pasó a mí) notarás un contraste increíble entre la temperatura que sufre tu cara con la calidez que disfruta tu cuerpo.

Nota de la experiencia: 8/10

Baños de Myvatn en Islandia

–          Un hammam turco

Los turcos, en sintonía con pueblos tan dispares como el islandés o el japonés, también apuestan por el concepto de baño como un momento de relax y socialización.

Durante muchos siglos, los arquitectos árabes han puesto toda su sabiduría en la construcción de salas de baño memorables, realizadas con tanto esmero como una mezquita o un palacio.

Estambul está plagada de baños turcos para todos los gustos. Yo acabé en el Hammam de Suleymaniye, construido en el S.XVI y que pertenece al conjunto de la Mezquita de Suleiman.

El baño turco te exige pasar mucho calor, sudar e incluso recibir algunos golpes bruscos durante el masaje exfoliante pero, como compensación, disfrutas de unos minutos de relax en una preciosa estancia, escuchando el ruido de las gotas caer y dejando que tu cuerpo y tu mente se olviden de las mezquitas que has visto durante el día y las que te quedan aún por ver en tu visita a Estambul.

Nota de la experiencia: 7/10

Fachada del Hamman de Suleymaniye

 

 

Las tres fueron geniales experiencias. Recuerdos de viaje que se conservan como cualquier pequeño souvenir comprado y si a ninguna de ellas las he valorado con un 10 es porque aún espero conocer otro lugar en el que sumergirme y dejar que mi mente se evada que supere al inesperado onsen japonés, a las surrealistas piscinas naturales islandesas y al histórico hamman turco.

 

Paseando por una palabra de 10 letras

Laugavegur

Con este término se conoce a uno de los trekkings más famosos del mundo. El que une las regiones de Landmannalaugar y Thorsmork (Islandia).
A esta palabra también se asocian las 3 ó 4 jornadas que tardas en completar los escasos (pero escarpados) 55 kilómetros que unen ambos puntos. Los albergues de montaña. La imposibilidad de acceder a estas zonas fuera de los meses de julio y agosto. Las nieves perpetuas. El paisaje volcánico.
Laugavegur también hace mención a esas fuentes termales que te invitan al baño al comienzo de la ruta, a los ríos helados que debes atravesar si quieres llegar a tu destino, a los desiertos de lava que recuerdan a la superficie lunar, a las dudas en los cruces de camino…
Pero, si te empeñas en descifrar más sobre esa palabra, si interpretas su sonoridad y sus dobles sentidos podrás ver el extraño magnetismo que esos paisajes ejercen en los que los ven pero, sobre todo, en los que pasean sobre ellos. Descubrirás los infinitos cambios de escenarios: del fuego al glaciar, del verde al negro, de las alturas a las profundidades.
Y si sigues paseando por esta palabra toparás con un puente colgante que debes cruzar con decisión, con un camino recortado en el hielo, con una cuerda amarrada que te ayuda en el descenso.
Y aún serás capaz de localizar, dispersas entre la ele y la erre, las neveras de nieve, las cuevas de hielo, las lenguas de glaciares… y todas esas fumarolas que parecen querer lanzar un mensaje secreto.
Y luego te encontrarás con un cañón que parece pintado a tiza y con un fuerte que parece de los playmobil.
Y con ese olor a azufre que te asalta en cada jornada.
Y con el vapor de agua que sale del hielo.
Y con un lago sobre el que se pone el sol.
Y esa ausencia de árboles…
Y esa necesidad de que la ruta dure, que no se acabe.
Y esa necesidad de que la ruta no dure más, que se acabe. Porque sólo cuando llegas a Thorsmork te das cuenta que todo ha sido real. Que cuanto has visto y cuanto has sentido era verdad. Que la nevada en pleno agosto, que la falta de comida a mitad de ruta, que el tener que meterte en agua helada, que ese viento infernal e infinito, que el viajar en un autobús de ruedas enormes sentado en sillas de madera… que todo eso está incluido en esas 10 letras. Que la Laugavegur es tan sólo una posibilidad de vivir mil mundos en tal sólo 55 kilómetros de ruta. Pero es la mejor posibilidad que existe.

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Experiencia compartida originalmente en Minube

¿Por qué elegimos un destino?

Hay tantas respuestas a esta pregunta como lugares en el mundo y como viajeros existen. Algunas serán más obvias, otras más inesperadas y muchas de ellas estarán perdidas en el subconsciente y resultará casi imposible sacarlas a la superficie.
En mí caso tengo clarísimo que fui a Islandia por su culpa:


Sigur Rós: Glósóli por dailypenguin

Decidí que quería visitar Islandia cuando comencé a obsesionarme con la música de Sigur Rós. Tenía que conocer el lugar que había inspirado esos sonidos tan inexplicables…

La idea se quedó latente. Islandia empezó a merodear habitualmente por mi subconsciente…
Entonces, un día de mayo de 2008 salí del cine después de ver Heima, una película-documental sobre una gira casera que dio Sigur Rós por Islandia. El grupo volvía a su país tras una enorme gira mundial y decidió hacer una serie de conciertos gratuitos en diversas localidades de Islandia (desde pequeños pueblos pesqueros hasta parques naturales).
Heima no fue pensada para servir de promoción turística de ningún sitio pero es el vídeo que trata con mayor belleza y delicadeza un lugar.

Volvamos a ese día de mayo: no había abandonado la sala y ya lo tenía claro: el siguiente viaje sería a Islandia (aunque antes tenía que hacer una visita a otro país-isla pero ese viaje ya no era futuro sino casi-casi presente).
Inexplicablemente Islandia es una potencia creativa y eso se comprende simplemente escuchando a sus músicos (además de Sigur Rós están Bjork, Amiina, Múm…): tanto el país como las canciones que salen de él no deben intentarse entender, simplemente deben sentirse. O para eso parecen haber sido creados: para emocionar.
Recorrer las carreteras de Islandia a ritmo de Sigur Rós es uno de los mejores recuerdos que conservo de ese país. Es la banda sonora perfecta para esos paisajes desoladores provocados por el hielo y el fuego.