Lo importante es el camino

Una de las entradas más asépticas y burocráticas que el diccionario admite de la palabra viaje lo define como: “Traslado que se hace de una parte a otra por aire, mar o tierra.”
Pero, sin quitar valor a lo que dice la RAE, para nadie un viaje es simplemente moverse de un lado a otro.
Aunque, sin duda, sin esos desplazamientos los viajes no comenzarían.
Son parte indispensable de la experiencia y, muchas veces, son fuentes inagotables de anécdotas y recuerdos.
Para mí, Japón tiene forma de vía de tren. Islandia de carretera sin andenes. Nueva York de vagón de metro. Myanmar de taxi azul. Tailandia de barca de madera…



Todo viaje tiene su medio de transporte, su forma de moverte, pero siempre hay algunos vehículos que te dejan un especial recuerdo.
Como el tren-tatami que me trasladó de Sapporo a Tokio. Se trataba de unos vagones vacíos, sin los habituales asientos, en el que estaban colocados múltiples tatamis para pasar la noche.
O el autocar flotante mesa-camilla que me devolvió a la capital de Islandia desde Thormosk. Los asientos se habían llenado en el autocar de línea por lo que, ni corto ni perezoso, el conductor entró en un bar y rellenó el pasillo del bus con sillas de madera propias de cualquier mesa de comedor.

O el autobús que unía Sukhothai con Nuevo Sukhothai y que, sin saberlo, se convirtió en el autocar escolar que recogía a los niños a la salida del cole, los cuales no dejaban de sorprenderse de la presencia entre ellos de unos turistas despistados.

Medios de transportes estrambóticos pero que no dejaron de cumplir con su misión: llevarme, traerme, acercarme.
El escritor Robert Louis Stevenson dijo: “la cuestión es moverse”. Y con cada viaje le damos un poco más la razón.
Movámonos. Como sea. ¡Viajemos!

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  1. February 25th, 2011
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