Argentina y Chile en tránsito :: Día 15, rodeados de pingüinos en Punta Tombo

A 180 km de Puerto Madryn, los cuales se recorren en unas interminables 3 horas de viaje, espera  la Reserva Natural de Punta Tombo, curioso lugar para que los amantes de los animales se entretengan paseando por las 200 hectáreas de su superficie (o, más bien, por donde el itinerario de la Reserva te deja).

En esta pingüinera se reúnen más de medio millón de pingüinos de Magallanes (incluso se ha contabilizado un millón de ejemplares en algunos periodos) siendo, por tanto, el mayor punto de cría de pingüinos de Sudamérica y, seguramente, de todo el mundo.

Nidos de pingüinos en Punta Tombo

Tras sufrir el ripio de la carretera (el cual es seguro para la conducción pero que hace muy aburrido el viaje por la velocidad a la que te obliga a ir), pagar los 104ARS de la entrada (13,9€) y montarte en el bus que te lleva al comienzo del recorrido, sólo tienes que seguir el camino marcado para ir descubriendo a esta curiosa, y enorme, familia de pingüinos.

Pingüino en Punta Tombo

Según el mes en el que visites Punta Tombo encontrarás a los pingüinos en una actividad diferente. A finales de octubre, cuando yo fui, los pingüinos se encuentran empollando los huevos que han puesto semanas antes. Por eso, no viví la actividad frenética que debe haber en la Reserva cuando las crías ya son independientes y corretean libremente allá por el mes de marzo.

Pingüinos empollando

Los nidos se encuentran excavados a lo largo del camino por lo que se pueden contemplar a los animales desde las pasarelas sin necesidad de molestarles (no olvidemos que está prohibido salirse de los caminos marcados). Una norma que impera en toda el Parque es que los pingüinos tienen prioridad en todo momento.

Cartel prioridad pingüinos

Además de pingüinos, pudimos ver guanacos, que compartían laderas con los reyes del lugar.

Guanacos y pingüinos en Punta Tombo

Al final de la visita se levantó un aire del infierno, al nivel del viento Islandés que padecimos en Myvath, por lo que optamos por volver a Puerto Madryn sin intentar la salida al mar en Rawson para ver delfines.

Nuestro primer contacto con Patagonia llegaba a su fin y, aunque no había sido lo que creíamos que sería, teníamos aún muchísimas ganas por seguir descubriéndola: siguiente destino el Fin del Mundo.

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 14, toneladas de decepción bajo el mar en Península Valdés

En todo viaje hay un día que amanece plomizo y ese adjetivo se instaura en toda la jornada. Lástima que en esta ocasión tuviera lugar durante nuestra estancia en Puerto Madryn.

Ballena en Península Valdés

Una de las partes del viaje que más me ilusionaba era conocer la reserva natural de Península Valdés y, muy especialmente, realizar una salida en barco para navegar entre ballenas.

Claro que siempre en el origen idealizamos sin querer ciertos destinos pero esta vez mi cabeza fue demasiado lejos a la hora de pensar cómo sería el paseo en barco entre ballenas.

Desde nuestro alojamiento en Puerto Madryn hasta la entrada a la Reserva de Península Valdés se tardaba 2 horas en coche; la carretera está mayoritariamente asfaltada y el camino es sencillo. Una vez entras en el parque tienes que pagar 208ARS (unos 27 euros al cambio) para acceder al mismo; este precio es por dos personas + un coche. Una vez dejas atrás el puesto de control de entrada, la carretera empieza a empeorar hasta que se convierte en puro ripio (gravilla), íbamos avisados así que no nos sorprendió.

La primera decepción del día fue Puerto Pirámides el lugar desde el que salen todos los barcos. Ese lugar no deja de ser unas cuantas casas juntas que son en un 90% agencias que se encargan de realizar los avistajes. Inesperadamente, a pesar de haber unas decenas de agencias todas ellas tenían programadas las salidas para, exactamente, la misma hora. Así bien, cuando llegamos, nos dieron la opción de subir corriendo a una que estaba a punto de partir o esperar un par de horas hasta la siguiente inmersión. Como preferíamos comparar precios y barcos, decidimos optar por lo segundo pero, sinceramente, tampoco sacamos mucho en claro porque por primera vez en lo que llevábamos de viaje, la gente con la que nos encontrábamos en las agencias eran poco encantadores. Finalmente optamos por salir al mar con Hydro Sport, la razón fue que tenía sitio en la siguiente inmersión, que el grupo era únicamente de 8 personas (hay que tener en cuenta que aquí llegan decenas de autocares con grupos de turistas que tienen pactadas ya las salidas y que a veces meten a viajeros independientes dentro de estos grupos para rellenar el pasaje… lo que tiene que ser un auténtico horror) y que salen con lanchas que aunque llegan menos lejos que los barcos se acercan más a las ballenas. El precio por persona fue de 370ARS (unos 49 euros).

Empresa Avistaje de Ballenas

Mientras esperábamos a la salida de nuestro grupo paseamos por la playa que, sin cielo azul, tenía un aspecto más bien triste. Lo que sí es curioso es que desde la misma orilla puedes llegar a ver a estos cetáceos, lo que te hace hacerte una idea de lo cerca que están.

Cuando nos tocó la hora de ponernos los chalecos salvavidas y subirnos a la barca llegaron los nervios y la impaciencia: ¡era el momento de cumplir uno de mis sueños del viaje!

¿Vimos ballenas? Sin duda. Nada más salir nos encontramos con una ballena y su cría, luego una nueva pareja… nos fuimos adentrando mas pero tardamos demasiado tiempo en encontrar nuevas ballenas que ver de cerca. El mejor recuerdo lo dejó la última ballena que nos encontramos: era un enorme ejemplar que se despidió de nosotros con una preciosa sumergida dejando su aleta suspendida en el aire, y en nuestros futuros recuerdos.

Ballena en Puerto Pirámides

En la barca nos contaron que las ballenas francas de Península Valdés están en peligro por el ataque continuado de las gaviotas cocineras. De hecho, en nuestro bote iba una bióloga que estaba realizando un recuento de ballenas heridas en la zona. Muchas de las ballenas con las que nos encontramos en el recorrido mostraban marcas producto del ataque de las aves; lo que es una verdadera pena pero no sé si la decisión de las autoridades de Chubut de matar a las gaviotas es la solución adecuada a este problema.

Ballena herida por el ataque de las gaviotas

Tras regresar a tierra volvimos a subirnos al coche y comenzamos una ruta por el resto de puntos de interés de Península Valdés. Primero fuimos a Punta Norte donde vimos multitud de elefantes marinos y lobos de mar descansando en la arena y de ahí a Punta Cantor.

Punta Norte

Teníamos mucho miedo a estas “peligrosas carreteras de ripio” de las que todo el mundo hablaba en los foros y blogs pero, una vez allí, nos dimos cuenta que más que peligrosas son soporíferas… si cumples la velocidad máxima impuesta (50 kilómetros hora) el mayor problema que puedes tener es que te quedes dormido al volante ya que el paisaje es tan monótono y la actividad a tu alrededor es tan nula que a veces tienes la sensación de estar detenido.

Carretera de ripio en Península Valdés

Aún así, merece la pena adentrarse más allá de Puerto Pirámides; la belleza del mar en esta zona es espectacular además, en Caleta Valdés tuvimos la grandísima suerte de ver a un trío de orcas. Se encontraban muy cercanas a la costa y vigilaban atentamente a los leones marinos que estaban en la orilla… parecía una película de terror aunque, finalmente, las orcas desistieron y se volvieron a adentrar en el mar.

Orca en Península Valdés

El viaje de vuelta a Puerto Madryn se nos hizo largo. Conducir por la noche en esas carreteras no era cómodo y desde Caleta Valdés había más de 3 horas de viaje.

Una vez en nuestra casa alquilada reflexionamos sobre si había merecido la pena todo el esfuerzo (y el gasto) que había supuesto incluir a Puerto Madryn en el viaje (dos vuelos + alquiler de coche + gasolina). Aún no tengo clara la respuesta: si volviese a ir a Argentina me saltaría sin duda esta parte del viaje pero esto es muy fácil decirlo una vez que has estado en un sitio; de hecho de lo que sí estoy segura es que si no hubiera podido cumplir mi ilusión de navegar entre ballenas me habría vuelto de Argentina con la sensación de haber dejado cojo el viaje… ¡Qué difícil es acertar siempre en los viajes!

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 13, puro tránsito

Lo más difícil de cuadrar en el planning del viaje fue el traslado desde Puerto Iguazú a Puerto Madryn. Finalmente, no hubo más remedio que renunciar a este día y dedicarlo a viajar desde el norte del país hasta el comienzo de la Patagonia.

Por la mañana aún nos quedaron unas horas para disfrutar de la piscina del Hotel La Sorgente donde nos habíamos alojado (alojamiento recomendable).

Después, nos fuimos al aeropuerto de Iguazú en autocar para comenzar la ruta:

El primer vuelo salió con 20 minutos de retraso; no había ningún problema porque la escala en Buenos Aires era de tres horas aunque finalmente fue una hora más debido al retraso en el siguiente vuelo.

Sin haber hecho nada en todo el día, nos presentamos en Trelew a las diez y media de la noche. De allí tuvimos que coger un transfer que habíamos contratado con Ryan’s Travel y que nos dejó en Puerto Madryn donde habíamos quedado con Adriana Mandolesi, de Wild Skies, para que nos entregara el coche de alquiler. Una vez tuvimos las llaves del coche nos fuimos a dormir; nos alojábamos en Casa Patagónica donde nos atendieron muy bien. La dueña, Eugenia, trabajaba dentro del Parque Nacional de Península Valdés por lo que nos ayudó bastante en la organización de las visitas pero eso fue en los días siguientes, de momento tocaba descansar del viaje dentro del viaje que habíamos tenido.

Atardecer aeropuerto de Buenos Aires

Lo único memorable del día fue el espectacular atardecer que nos regaló Buenos Aires para compensarnos por las horas de espera.

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Puerto Iguazú, el Disneyland de las cataratas

Sorprendentemente, Lonely Planet ha considerado que Puerto Iguazú es una de las ciudades imprescindibles a las que viajar en este 2013. La guía considera que la ciudad no es sólo una buena base de operaciones para descubrir el Parque Nacional sino que tiene todas las comodidades necesarias para que el viajero la elija como destino por ella misma… En fin, discrepo de lo apuntado por Lonely Planet; para mí Puerto Iguazú es el peaje que has de pagar para ver las famosas Cataratas, ¿podría ser peor? Sin duda, pero eso no debe hacernos esperar demasiado de este destino.

Puerto Iguazú es un conjunto de calles que se componen de hoteles y restaurantes en un 80%. Por suerte, la variedad de los hoteles es enorme: desde albergues hasta lujosísimos resorts. Con los restaurantes pasa un poco lo mismo, en esta pequeña ciudad de 30.000 habitantes hay woks, japoneses, burguers, pizzerías, restaurantes chill out… ¿Puedes encontrar buena comida argentina? Uhmm, menuda pregunta… seguro que la hay pero a precios muy superiores a los que tendrías que pagar en otra parte del país por algo de la misma calidad.

Lo quieran o no, Puerto Iguazú es una ciudad pensada para que los turistas que inundan sus calles tengan todo lo que quieran sin tener que preocuparse mucho en los escasos días que pasan en ella. Eso sí, la práctica dice que las cosas son un poco diferentes: sus pocos supermercados tienen escasez de productos que venden 5 veces más caro que en otro sitio pero como además hay poquísimo, tienes que sentirte afortunado por conseguir un yoghurt y una botella de agua y sólo tener que haber esperado 30 minutos de cola…

Para no ser del todo negativa también diré que es un lugar cómodo porque puedes ir a casi todos los sitios a pie y aunque es muy turístico, no ha perdido la esencia de calles de tierra y enormes palmeras que lo rodean todo.

Conclusión: si quieres ir a ver las Cataratas opta por Puerto Iguazú en detrimento de Foz de Iguaçu pero no esperes nada. Es la taquilla previa donde te venden los tickets para ese espectacular parque de atracciones naturales que es Iguazú.

Argentina y Chile en tránsito :: Día 12, las dos caras de las cataratas

El mejor consejo que se puede dar en Iguazú es: no hagas caso de las previsiones del tiempo. No es que estas sean mucho más fiables en otras partes de Argentina o del mundo pero en Iguazú resultaron ser completamente erróneas.

Así pues, lo que se esperaba fuera un día soleado y tranquilo amaneció encapotado y con clara intención de ponerse a llover a las primeras de cambio. Un día muy triste.

Cataratas de Iguazú tras la roca

Era una auténtica pena :( Para aquellos que sólo hayáis visto Iguazú nublado podréis pensar que es igual de alucinante que con sol pero no es así: los arcoiris, las mariposas, los pájaros, el color de las cataratas… todo cambia (y mucho) y en el día de hoy lo pudimos descubrir.

Ir desde Puerto Iguazú a la entrada del Parque Nacional de Iguazu es muy sencillo, un bus urbano te lleva por 25ARS (un precio un poco caro para el camino que recorre).

En la parada de bus nos enteramos que habíamos tenido mucha suerte yendo el día anterior a la zona brasileña ya que hubo un accidente con un camión en la carretera hacia el parque y el tráfico estuvo cortado toda la mañana… estas son las incidencias que nunca puedes prever en tu viaje y que puede hacer que si destinas un único día a ver las dos zonas del parque te quedes sin verlo.

Cuando llegas a la Entrada del parque te das cuenta que las instalaciones argentinas no están al nivel de las brasileñas en orden ni en limpieza pero teniendo en cuenta que la fama está de su parte, tampoco lo necesitan.

Así bien, después de pagar los 17€ al entramos en el Parque.

Parque Nacional de Iguazú

En el lado argentino han sustituido al autobús de dos pisos que hay en Brasil para moverte por la zona por un tren eléctrico muy mono pero muy ineficaz ya que pasa cada 30 minutos y, normalmente, siempre va muy lleno por lo que hay que hacer cola para conseguir sitio. Conclusión: que vas a tener que ir andando a todos los sitios.

¿Cuál es la parte buena? Que la zona es preciosa.

¿Y la parte mala? Que los senderos son muy estrechos por lo que si te toca (que te tocará) junto a un grupo de adolescentes o jubilados prepárate para ir a su paso hasta que llegues a un ancho del camino.

Nosotros hicimos el paseo superior y luego el inferior y más tarde pasamos en barco a la Isla de San Martín. Una vez en la isla vimos que las nubes iban perdiendo la batalla al cielo azul: había llegado la hora de ir a la auténtica joya de la corona del Parque: la Garganta del Diablo.

Para ir a la Garganta sí que cogimos el trenecito.

La Garganta del Diablo

Una vez allí hubiera dado igual que estuviera granizando: el espectáculo es tan alucinante que se te olvidan los miles de turistas que tienes a tu alrededor, el cambio de aire que hace que te pongas perdido de agua (y lo peor no eres tú, sino tu cámara de fotos) o los fotógrafos profesionales que intentan echarte para hacer fotos a sus clientes. Cuando estás allí sientes que la Garganta está rugiendo sólo para ti y eso te hace sentir tan especial :)

Iguazú, lado argentino

El día que había amanecido nublado se había quedado despejado y precioso. Aún teníamos muchas horas por delante y había que tomar una decisión: o hacíamos el sendero Macuco o repetíamos el paseo de la mañana. Optamos por lo segundo y fue entonces cuando nos dimos cuenta cómo cambian las cataratas de un día con sol a uno nublado: parecía un nuevo paisaje, todo era más espectacular, más vivo y con tantos matices que iban apareciendo que parecía una ruta nueva a la que habíamos hecho por la mañana.
Y a este bella luz se unía otro hecho que hacía que el paseo fuera irrepetible: ¡íbamos completamente solos! todos los grupos de turistas que llenaban los caminos habían salido corriendo hacia su siguiente destino por lo que a partir de las 15h el parque se había quedado vacío (tenlo en cuenta cuando vayas a programar tu visita).
Estas tres últimas horas de recorrido por el Parque borraron todos los sinsabores de la mañana e hicieron que nos fuéramos hacia Port Iguazú con la sensación de estar abandonando uno de los lugares más mágicos del mundo.

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 11, cruzando la frontera

Cuando abres los ojos en tu primera mañana en Port Iguazú sabes que has recorrido más de los mil kilómetros que te separan de tu anterior destino. Aquí, el aire es dulzón, el sonido de los pájaros tropicales lo envuelve todo y la luz es aún más luminosa que la que nos acompañó en Salta. Iguazú es una isla sorprendente dentro de un país único como es Argentina.

El Parque Nacional de Iguazú está dividido en 2 y no se comunican una zona con otra. ¿Puedes ver ambas en el mismo día? Si te organizas muy bien, sí puedes. Pero si quieres ir con calma y evitar posibles imprevistos (nosotros tuvimos varios) es mejor que destines dos días a ver la totalidad del Parque.

Todo el mundo te suele recomendar que comiences por la parte brasileña y yo también me sumo a esta recomendación: empezando por Brasil (la parte más “lejana” de las cataratas) consigues una visión general de las mismas que te vendrá muy bien para organizar tu visita a la zona argentina.

Así pues, una vez nos hubimos embadurnado en crema solar y antimosquitos salimos en dirección el Parque Nacional Do Iguaçu con más nervios que en una noche de reyes.

Desde Port Iguazú tienes, básicamente, dos opciones para ir hasta las cataratas del lado brasileño:

  • La fácil (y más cara) es coger un autocar directo que te lleva desde la Estación de Port Iguazú a la entrada del Parque. El coste son 60ARS por persona y trayecto (unos 8€) y la duración del viaje son unos 20-30 minutos.
  • La menos fácil (y más económica) es tomar un bus de línea que te deja en la frontera con Brasil (si sólo vas a estar 24 horas en Brasil y no deseas que te sellen el pasaporte, puedes continuar el camino hasta Foz de Iguaçu y evitar esta parada). Unos minutos después viene otro bus de línea que te recoge en la frontera y te deja en la estación de Foz. Allí mismo coges un tercer bus que te lleva hasta la entrada del Parque. El coste total de los dos autobuses (el segundo no lo pagas porque has pagado el primero) es de 19ARS (unos 2,5 euros con la ventaja de que puedes pagar en pesos) pero el tiempo total del traslado supera la hora y media (si no paras a sellar el pasaporte será unos 10 minutos menos).

Una vez por fin estás en el Parque toca comprar las entradas. La zona brasileña esta muuuuuuy bien organizada, aún así, tienes que sortear grupos de turistas, centrarte en qué es lo que quieres ver (existen bastantes actividades adicionales cuyos tickets también puedes comprar ahí) y adquirir tu entrada ya sea en pesos argentinos, reales brasileños o dólares. Al cambio, la entrada para adultos son unos 18€ (no lo pienses, merece mucho la pena).

Mapa del Parque Nacional do Iguaçu (Brasil)

Ya con tu ticket, sólo tienes que seguir el camino marcado hasta los autobuses de dos pisos que te llevan al corazón del parque. Puedes elegir para bajarte en una de las cuatro paradas (en cualquier momento, podrás volver a tomar el bus para ir de una a otra zona). La primera parada es para comenzar la caminata de 9 kilómetros ida y vuelta que te interna en la jungla para conocer la flora y la fauna del Parque; la segunda para en Macuco, lugar donde se toman los barcos y comienzan la mayoría de las actividades; la tercera está enfrente del Hotel de las Cataratas y es donde empieza la senda que te lleva hasta Porto Canoas (que, de hecho, es la cuarta parada del bus). Nosotros queríamos ver cuanto antes las cataratas (que quede claro que aún no las habíamos visto ni oído) y decidimos renunciar a hacer el trekking (si quieres hacerlo, debes planificarlo lo primero ya que luego los buses no paran para evitar que la gente se quede a medio camino una vez que el Parque ha cerrado) así pues descendimos en la tercera parada, dejamos que un enorme y estruendoso grupo de turistas nos adelantara y nos preparamos para ver una de las Siete Maravillas de la Naturaleza…

Las Cataratas de Iguazú ocultas por la vegetación

La primera vez que las cataratas aparecen ante tus ojos es memorable. Por muchos vídeos y fotos que hayas visto, no dejan de sorprenderte. Te parece imposible que todo eso esté ocurriendo al mismo tiempo ante tus ojos.

Conviene tomárselo con calma; si vas dos días tienes tiempo de sobra para pararte en la vereda y perder todo el tiempo que quieras en captar los infinitos detalles de ese paisaje tan abrumador.

Una vez que te has repuesto de esta primera impresión, sólo tienes que seguir el camino de madera (es imposible perderse) de menos de dos kilómetros llamado el Sendero de las Cataratas. Lo bueno de si has descendido en la tercera parada es que la primera imagen que tienes de las Cataratas no es ni mucho menos la más espectacular (la cual se obtiene en la zona de Porto Canoas) así que cada vez que el camino te ofrezca un nuevo ángulo tendrás nuevos motivos para sorprenderte.

Camino de las Cataratas en el Parque Nacional do Iguaçu

Una vez que llegas a Porto Canoas y te introduces en ese fascinante sistema de pasarelas que han ingeniado empiezas a “sentir” las cataratas, lo que viene a ser que empiezas a empaparte pero la sensación de júbilo es tal que rara vez te molestará ese agua. En la terraza que da a la Garganta del Diablo puedes perder, literalmente, la noción del tiempo… pero nunca en tu vida harás tan bien en abandonar tu reloj y dejarte llevar por las sensaciones que el parque te crea.

Cataratas de Iguaçu

Si ese mismo día tienes que ver el lado argentino lo mejor será que pongas rumbo ya al otro extremo del parque; si tienes toda la jornada para dedicar a esta zona entonces una buena alternativa es coger uno de los barcos que te introducen (literalmente) dentro de las cataratas. Puedes tomarlos en la estación de Macuco pero nosotros que somos unos espabilados lo tomamos en Cânion Iguaçu lo que nos obligó a bajar a mí y a mi vértigo unas infinitas escaleras suspendidas en el aire hasta llegar al “puerto” donde nos esperaba una barca llena de japoneses con chubasqueros: Konnichiwa!

No tengo ni idea de cuánto duró el paseo pero sí se que a pesar de su alto precio (30€ por persona) merece realmente la pena.

Parque Nacional Do Iguaçu

Como nosotros no habíamos tenido aún suficiente agua nos dedicamos a volver a hacer el sendero de las cataratas deteniéndonos a ver las coloridas mariposas y los extraños coatís que te encuentras en tu camino.

Mariposa frente a las Cataratas de Iguazú

Como el día había sido largo, optamos por la versión rápida pero cara para volver a Port Iguazú. Una vez en la ciudad el ambiente fue refrescando según anochecía y unos minutos después de llegar a nuestro hotel comenzó una inesperada y frenética tormenta que hizo que se fuera la luz de toda la zona.

Por si el día no había tenido suficiente agua, la noche nos había reservado esta espectacular tromba que nos dejó en la terraza viendo llover durante horas.

 

 

Lugares donde pasar el resto de mi vida: Paseando bajo la lluvia en el silencioso Palacio Cultural de los Trabajadores en Beijing

Los viernes viajamos con los recuerdos que nos dejaron lugares y momentos únicos, hoy vamos a…

Beijing, la calma tras la tormenta

Vuelve la traicionera lluvia a nuestro día a día por lo que hoy viajamos a un lugar al que estos días lluviosos le sienta muy bien: por los increíbles reflejos que se crean, por la tranquilidad que rezuma el espacio y por los olores a flores que inyecta en el ambiente.

Cerca de la Ciudad Prohibida en metros pero muy lejos en agitación se encuentra el Palacio Cultural de los Trabajadores de Beijing.

Tras ese nombre tan rimbombante se encuentra uno de los rincones más bellos y agradables de esa ciudad.

Merece la pena dedicar unas horas a pasear, deteniéndose a contemplar sus delicados tejados, sus cuidados parques y los majestuosos interiores de sus templos. Disfrutando de este paréntesis de quietud en esta trepidante ciudad.  Llueva o no llueva, Beijing se merece una visita… aunque sea con los recuerdos que nos dejó la primera vez.

 

Palacio Cultural de los Trabajadores en Beijing

Argentina y Chile de la A a la Z: F de Fútbol

Fútbol: Con la efe de fútbol o con la efe de fe, en esta nueva entrada del diccionario ambos términos tienen mucho en común.

Y es que en Argentina la pasión deportiva se convierte en un sentimiento más cercano a lo místico e irracional que a una simple afición.

¿Qué significa en ese país los colores de un equipo o un choque de once contra once? No lo sabemos. Ni siquiera en España, nación futbolera donde las haya, nos acercamos a la vehemencia que se siente allí por este deporte.

Mural futbolero en Boca

Y si el fútbol es una religión, Maradona es su dios… y parece que Messi es el nuevo profeta; ese que guía las conversaciones en los cafés y en los taxis; el que llena de camisetas con su nombre la ciudad, el que sirve de modelo y aunque con cara de ángel también tiene su parte de diablo, ese que lo da todo fuera de la que es su patria. Se le quiere, se le odia pero, sobre todo, se le admira.

Para explicar el fútbol en Argentina haría falta un diccionario entero o, más bien, una enciclopedia ilustrada.

Porque allí no se ve fútbol. En Argentina se piensa, se respira y se suda fútbol. El viajero no tardará mucho en darse cuenta, en sentirlo, en dejarse llevar por este sentimiento pero raramente lo terminará de entender. Esa es la magia de esta entrada: como el fútbol convierte algo tan pagano como un grito de euforia en una auténtica oración.

Argentina y Chile en tránsito :: Día 10, de las quebradas a la selva

Con las maletas hechas y los billetes para el siguiente destino ya en el bolsillo, no podíamos irnos de Salta sin subir al Cerro San Bernardo en su famoso teleférico (35ARS por persona ida y vuelta; unos 4,6€).

Si no se para (como nos ocurrió a nosotros) el viaje no dura más de 8 minutos y te deja en la cima del cerro, lugar desde el que se disfrutan unas vistas espectaculares de la ciudad de Salta.

Vistas de Salta desde el Cerro San Bernardo

Además de las vistas, el viaje merece la pena porque allí se encuentra una Reserva Natural Municipal que ocupa 100 hectáreas y en la que se halla una diversa flora y fauna autóctona. Si no quieres pasear demasiado, también puedes quedarte disfrutando de sus terrazas y jardines. Ahora bien, si eres de los que le gusta hacer ejercicio, estás de suerte: en la cima tienes un estupendo gimnasio público para ponerte en forma.

Los domingos se celebra el Paseo de los Artesanos, un mercadillo de artesanía que se sitúa en las calles Balcarce y Ameghino. No conviene madrugar mucho porque los tenderos se lo toman con calma pero si estás al mediodía por allí, pásate por esta feria que fue Declarada de Interés Cultural y Turístico Municipal en 2007 y en la que hay bonitos productos artesanales (sin duda, para mí, Salta fue el mejor sitio que encontré en todo el viaje para comprar regalos de toda Argentina. Entre otras cosas, porque es una de las regiones más baratas de las que visité y en la que encontré objetos más originales).

El fin, no hay tiempo para más, bueno sí, para una última cerveza Salta con la que brindar por esta preciosa región.

Cerveza Salta

Un taxi del centro al aeropuerto cuesta unos 50ARS (6,6€). El aeropuerto de Salta es muy de estar por casa, realmente podría llamarse una cafetería con pistas que es lo que realmente es. Como el vuelo llevaba retraso, nos dio tiempo a echar de menos hasta los soporíferos duty free de  otros aeropuertos.

Por fin aterrizamos en Iguazú. Para llegar a Port Iguazú hay varias opciones: tomar un taxi o reservar una plaza en unos de los minibuses que te llevan a la puerta de tu hotel. Estos buses cuestan 35ARS por persona y funcionan bastante bien.

En Port Iguazú nos alojamos en La Sorgente. El hotel está correcto, más o menos bien situado, las habitaciones son enormes y el desayuno muy rico. El precio no es bajo (490ARS la noche en habitación doble) pero Port Iguazú es otra Argentina distinta de la que habíamos visitado hasta ahora y aunque más cara teníamos unas enormes ganas de descubrirla… al día siguiente.

¡Buenas noches!

 

 

Argentina y Chile en tránsito :: Día 9, de paseo por una nueva primavera

La expresión “De paseo” que viene a ser lo mismo que “de turismo” me parece una forma lindisima de referirse al viaje. La primera vez que la escuche, sin embargo, me pareció una especie de desprecio cuando en el agente del control de inmigración a la entrada de Argentina me pregunto si estaba paseando. Entonces no supe contestarle pero a esta altura del viaje esa expresión me salía con mas naturalidad que su equivalente en castellano.

Árbol centenario en Puramarca

Este día tocaba, nuevamente, “ir de paseo”. En esta ocasión hacia el norte de Salta para ver la Quebrada de Humahuaca (y Puramarca, el Cerro de los Siete Colores, Jujuy y Humahuaca). Esta es la visita que sustituía a mi soñado Tren de las Nubes. Finalmente, el alto precio del billete, las largas horas del viaje y, especialmente, el rollo turístico que tiene ahora el recorrido hicieron que optase por sustituir el trayecto en tren por esta excursión a esta zona declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Lo que en España me parecía una decisión difícil de tomar al final no lo fue tanto,  el norte de Argentina tiene demasiadas zonas bonitas por recorrer como para “perder” un día en un tren (aunque la experiencia seguro que valga la pena y espero tener oportunidad, en otra ocasión, de disfrutarla).

Calle de Puramarca

La excursión de esta jornada era mas larga que la del día anterior y parte del recorrido se hacía por la ruta Panamericana que se prolonga durante más de 30.000 km. (desde Buenos Aires hasta Alaska).

En este día tomamos conciencia de estar disfrutando de una segunda primavera: días calurosos (36 grados de media) y con todo el campo lleno del color de las primeras flores. Por supuesto la primavera tiene otro aspecto menos bueno para el viajero que son las tormentas las cuales amenazaban, según las previsiones, nuestros próximos días pero, por el momento, tocaba disfrutarla.

Flores en Purmamarca

La excursión comienza con una parada en un mirador para disfrutar de las mejores vistas del espectacular Cerro de los Siete Colores, un paisaje tan asombroso que cuesta creer que sea real. Después pudimos recorrer las calles de Puramarca, una pequeña población abrazada por el propio Cerro. Sus calles de adobo siguen llenas de paz y sosiego a pesar de ser un importante núcleo turístico.

Cerro de los Siete Colores

Toda esta región es muy distinta a las imágenes que el turista occidental tiene de Argentina. No lo olvidemos, estamos a un escaso centenar de kilómetros de la frontera con Bolivia y el espíritu andino cada vez toma más identidad.

Antes de llegar a Humahaca hay otra visita imprescindible. Se trata de Tilcara donde nadie debería perderse la fortaleza precolombina de Pucará (para mí uno de los lugares más atractivos de esta zona). Cardones gigantescos y ruinas desordenadas acompañan en el ascenso hasta la cumbre desde donde se obtienen unas vistas espectaculares del valle.

Pucará de Tilcara

Hacia el medio día se llega a Humahuaca, la población que da nombre a la Quebrada y la que alberga toda la fama: a multitud de restaurantes y tiendas orientadas al turismo que se apelotonan en sus aceras lo confirman. Aún así, es un placer pasear por sus calles adoquinadas (¡cuidado con vuestros tobillos!) en busca de una sombra en la que refugiarse del apremiante calor.

Calle de Humahuaca

Ya de regreso hacia Salta siguen quedando interesantes visitas que realizar, como la de Uquía donde se encuentra en la Iglesia de San Francisco de Paula en la que se encuentran unos curiosos frescos en los que se representan a los arcángeles armados como si de un ejército se tratase. Estos seres alados vestidos como caballeros renacentistas es el resultado de la como la imaginación indígena veía a estas celestiales criaturas.

El Cerro de los Siete Colores tiene un competidor en esta zona de la Quebrada: se trata de la Paleta del Pintor la cual se encuentra en el término de la ciudad de Maimará cuyo curioso cementerio hace aún más sorprendente la visión del cerro.

La Paleta del Pintor en Maimará

Antes de volver a Salta, el autobús hace una última parada en Jujuy. La ciudad más septentrional de Argentina. Esta coqueta ciudad se encuentra a menos de 100 kilómetros de Salta. En ella se puede visitar su catedral, la plaza principal y el palacio del Gobierno donde podréis salir al balcón que da a la plaza como si fuerais una celebridad.

Palacio del Gobierno de Jujuy

Ya anocheciendo, la excursión retorna a Salta.

Nuestra última noche en la ciudad se merecía una buena cena de despedida y, sin duda, encontramos el mejor sitio para celebrarla: José Barlcarce; un precioso restaurante de  cocina de altura en el que se combinan platos típicos de la región reformulados con mucha maestría y cuidando las materias primas.

Nos quedaban sólo unas horas en Salta, por suerte, el atractivo nuestro siguiente destino, las cataratas de Iguazú, era suficientemente poderoso para que no nos diera excesiva pena pero aunque no fuéramos conscientes de ello en ese momento, Salta sería un referente que nos acompañaría durante todo el viaje. El desconocido y delicioso norte de Argentina es tan acogedor como adictivo; estás avisado :)