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Escapada de fin de semana a Londres: Día 2

Al ritmo del Támesis

Londres es todo lo que se ha visto el primer día, toda esa colección de postales típicas y reconstrucciones en forma de souvenirs baratos. Pero el itinerario de este día también recorre el Londres más popular y carismático aunque con menos cliches. El de hoy es un paseo por aquellos otros lugares de la ciudad que, aún siendo imprescindibles para una primera visita a la ciudad, tienen un aire más pausado, más placentero… más “disfrutable” aún estando hablando de lugares conocidos y muy turísticos.

Desgraciadamente, el día empieza madrugando para ir al Mercadillo de Portobello Road (Metro: Ladbroke Grove, Notting Hill Gate), no se trata de llegar temprano porque el mercadillo cierre pronto sino de poder evitar a todos los grupos de turistas que llegan en autocares a media mañana. Aún así, gente (y mucha) habrá curioseando por los puestos de este carismático mercado pero si vas a primera hora de la mañana podrás moverte con mayor libertad. Para los fanáticos de los libros y los viajes (y para los cinéfilos), en el número 13 de Blenheim Crescent se encuentra la librería The Travel Bookshop, una auténtica gozada de tienda llena de libros interesantes y que se hizo famosa debido a la película Notting Hill (si os interesan las librerías de viajes no os perdáis  Stanfords, cerca de Covent Garden, en Long Acre 12-14: tres plantas de perdición en forma de libros, guías, mapas, cuadernos y artilugios varios).

Compras en el mercado de Portobello

Tras pasear por el mercadillo toca coger el metro de nuevo, dirección: St Paul’s Station.

La Catedral de St. Paul ha terminado recientemente su larguísima reconstrucción y ya se puede contemplar sin andamios (¡ya era hora!). Ahora bien, su precio (14,50 Libras), sus horarios de visita cambiante y su cuestionable interés puede hacer que decidáis no entrar (no os preocupéis, no será una tacha grande en vuestro viaje).

Cerca de St. Paul se encuentra el Puente del Milenio que desemboca en la Tate Modern, podéis acercaros para verlo desde esta orilla del Támesis o continuar andando por la rivera del río hacia el sur.

Cuando lleguéis a la Torre de Londres tendréis que tomar otra decisión similar a la que ya habréis tomado anteriormente en St. Paul: entrar o no. Si nunca habéis estado antes en la ciudad, la Torre de Londres merece mucho más la pena que la Catedral pero, eso sí, también os llevará mucho más tiempo recorrerla y el precio es otro condicionante a tener en cuenta (casi 20 libras si no has comprado la entrada antes por Internet, en ese caso serán £17). A favor: el momento friki desfilando en cinta mecánica delante de la corona de la Reina, las curiosas fotografías que se pueden sacar a los cuervos que pululan por el recinto (sin posibilidad de escaparse ya que se les corta un ala para impedir que vuelen y que se haga realidad la leyenda que augura el final de la monarquía británica si esto ocurre) y encontrarse en un bien conservado recodo de la memoria histórica de la ciudad.

Entres o no a la Torre, el  camino continúa por el mismo lugar: cruzando el Puente de la Torre.

Puente de la Torre

Una vez en el otro lado del Támesis toca cambiar un poco la mentalidad: no se trata de buscar edificios famosos, se trata de disfrutar del impresionante ambiente que se respira en esa zona de la ciudad.

Lo primero de todo es ir hacia los antiguos almacenes de la zona sur, allí, además de curiosas viviendas unidas por pasarelas de hierro, encontrarás agradables restaurantes con terraza y el museo del diseño, cuyo interés varía según la exposición que en ese momento acoja. Conviene echar un vistazo a su exterior porque siempre te puedes encontrar alguna sorpresa…

Luego retrocedemos por donde hemos venido y seguimos el curso del río viendo en nuestro paseo:

-        City Hall. Es uno de los primeros edificios que encontramos tras cruzar el Puente de la Torre. Fue diseñado por Norman Foster y su curiosa forma le ha hecho merecedor de muchos motes, uno de ellos le apoda como “el testículo”. Probad a ver si os dejan subir a la última planta, las vistas deben ser muy buenas.

-        Hay’s Wharf. Este muelle se ha reconvertido en una galería comercial cubierta con una plaza en la que se hacen exposiciones de arte o exclusivos mercadillos.

-        Borough Market. Para ir al mercado hay que apartarse un poco del curso del Támesis pero sin duda merece la pena. Se trata de uno de los mercados de comida más antiguos de la ciudad pero de lo que fue su objetivo inicial, abastecer de productos frescos a los londinenses, ya queda poco. Ahora se trata de un mercado gourmet, especializado en delicatessen de todas las partes del mundo. Tanto por su ubicación (bajo las vías del ferrocarril), como por lo ecléctico de su público y, por supuesto, por su excelente oferta gastronómica, merece la pena pasar por aquí y probar una de sus miles de cervezas, panes, dulces, quesos, pasteles de carne, sidras… o simplemente curiosear entre sus puestos, dejándose llevar de un lado a otro por la vista o el olfato.

Detalle del Borough Market

Puesto de manzanas en el Borough Market

-        Catedral de Southwark. Pequeña y silenciosa pasa muy desapercibida debido a dónde se encuentra y a con quién compite pero merece la pena echarle un vistazo. Los londinenses usan sus jardines para organizar picnics matutinos donde disfrutan de las viandas adquiridas en el Borough Market, muy chic.

-        Shakespeare’s Globe. Una vez de vuelta al Támesis pasamos por el famoso teatro donde Shakespeare presentó sus obras principales (más bien, por la reconstrucción que el marketing ha hecho famosa). En verano se representan obras teatrales y suele haber unas colas tremendas para conseguir entradas.

-        Tate Modern. Hace bastantes años, la Tate Modern era la hermana fea y todos los elogios se los llevaba la apuesta Tate Gallery. Como las cosas cambian, los gustos se refinan y las tendencias artísticas fluctúan al compás (o no) de la Bolsa, ahora la Tate Modern se ha convertido en un punto de visita obligado para todos los que visitan Londres (desgraciadamente, también para aquellos que no tienen ningún interés en el arte contemporáneo). Si dejamos de lado las modas, la oferta cultural de la Tate Modern es simplemente inigualable. Guarda unas cuantas horas de tu día para visitar tranquilamente este sensacional museo.

-        OXO Tower. Este altísimo y emblemático edificio ofrece unas vistas geniales de Londres.

-        Gabriel’s wharf. Si estás buscando un sitio para tomar algo, quizás esta zona sea una buena opción. Diferentes bares y restaurantes llenan las aceras de buen ambiente. Eso sí, no tengas prisa, sentarte en sus terrazas no debería ser posible si no piensas disfrutar del lugar un buen rato.

-        Puente de Waterloo. Si las vistas desde el Puente del Milenio son increíbles, las que se consiguen desde este otro puente no lo son menos.

Vistas desde el Puente de Waterloo

-        Royal Festival Hall. Se puede acceder al interior sin necesidad de que se represente ningún evento. Su programación es muy variada por lo que conviene echar un vistazo a su web.

-        County Hall. Estos antiguos edificios oficiales hoy albergan un remix de cosas: desde un acuario a una exposición de Salvador Dali pasando por restaurantes, cafeterías y una tienda de souvenirs.

-        London Eye. La super-noria de Londres es casi el final de este recorrido. Para los amantes de las alturas y las vistas vertiginosas parece un (casi) final perfecto al día.

-        Somerset House. Al otro lado del río se encuentra estas antiguas oficinas gubernamentales que hoy albergan restaurantes, cafeterías y, sobre todo, unas salas de exposiciones muy recomendables como son el Courtauld Institute of Art y el Gilbert Collection of Decorative Arts.

Patio de la Somerset House

Es sábado. Lo difícil es encontrar un sitio que no esté animado de la ciudad: es un buen momento para buscar un sitio para cenarr o tomar algo por el Soho o Covent Garden y apuntarte al plan que surja.