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#Transiberiano2011 >> Trayecto Ulan Bator – Beijing

Tren 24. Vagón 11. Litera 13. Duración: 31 horas.

A las 07:15h, justo cuando el sol inunda de luz toda la estación de trenes de Ulan Bator, el tren número 24 con destino a Beijing inicia su camino. Puntual y tranquilo, abandona Mongolia. Dentro, sientes alivio y pena a partes iguales. Mongolia ha resultado ser todo lo que prometía y aún más. Es un país y una parte del viaje que se merece demasiados posts como para intentar resumirlo en este. Aquí hay que hablar del recorrido, del viaje, del trayecto… de esa ruta entre dos enormes países que comparten frontera y desierto.

Detalle del tren Ulan Bator-Beijing

Atraviesas las llanuras infinitas de Mongolia. Esa nada tan aterradora y magnética que has recorrido durante días. Y finalmente llegas al Gobi. Pero desde la ventanilla del tren no sientes esa grandeza que esperabas. Está claro: no estás en el Gobi, sólo pasas por él… Pero no se trata de juzgar el paisaje, tú allí eres un invitado que sólo puede mirar y callar. El sol se va poniendo. Un último atardecer de fuego en Mongolia, pronto se llegará a la frontera con China.

Desde la ventana del tren

Y en la frontera te espera otro show. Por si no había sido suficiente la interpretación de película de intriga barata que los policias rusos realizaron en la frontera anterior, mareando infinitamente tu pasaporte y tu equipaje antes de dejarte salir del país, ahora tienes a los chinos que se han inventado algo mucho más llamativo: un cambio de bogies que se efectúa levantando cada uno de los vagones (con los pasajeros dentro) para ajustarse a su ancho de vía. Increíble. Para entonces ya se ha hecho de noche y esperas impaciente que el tren vuelva a andar para dormir tranquilamente.

Cambio de boogie en la frontera china

Y, de pronto, amaneces en China. Esa es una de las cosas más impresionantes de este viaje, acostarte en unar parte del mundo, recorrer traqueteantes kilómetros nocturnos y despertarte en otro país, con otro paisaje y mucho por descubrir.

Las horas previas a la llegada a Beijing te haces conscientes que el presunto objetivo que te marcaste desde Madrid está a punto de ser logrado.

En nuestro caso, Beijing no era el final sino que allí empezaba otro pequeño viaje que tendría como última parada Shanghai.

El legendario Transiberiano ha sido como todos dicen que es: difícil, duro y exigente pero, sobre todo, impactante, único y memorable.

Ha sido genial. Fue fantástico a pesar, o quizás por ello mismo, de los momentos en que todo se torcía y tenías ganas de coger un avión y volver a Madrid lo más rápidamente posible.

Interior del vagón Ulan Bator - Beijing

En este tren te das cuenta que tienes tantos viajes como trenes has cogido. De aquel cómodo y occidental tren que nos llevó a San Petersburgo, pasando por el vagón que copartimos con una madre y su hijo una noche camino de Moscú; al, por supuesto, el que se convirtió en mi tren, mi viaje y mi Transiberiano. Ese querido y ansiado tren que nos llevó durante tres jornadas a Irkutsk a través de estepas y taigas adentrándonos en la mítica Siberia. Y luego el tren con el espíritu más Transiberiano de todos, ese que te lleva a conocer gente y compartir con ellos momentos únicos. Y por último, este tren que nos sacó de Mongolia y nos dejó, sanos y salvos, en Beijing,

Este viaje tiene, además, otro tren. Uno que no cogímos pero debimos haberlo hecho y que sólo pudimos verlo marchar con pena y pocos argumentos. Si lo hubieramos cogido, este Transiberiano hubiera sido, sin duda, otra historia diferente, y es que este viaje permuta en cada kilómetro, con cada tren y por cada persona.