Sin duda este es un post oportunista.
De estos que se aferran a una noticia que ha llevado una palabra (o, en este caso un lugar) a la boca de todo el mundo. Y, por supuesto, también a sus teclados y de pronto toda la red habla de eso. JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón llevamos 72 horas escuchando y leyendo esa palabra en todas partes.

Diseño de Signalnoise
Aunque no es del todo cierto que Japón haya surgido en mi mente debido al terremoto del día 11. Desde hace unos cuantos años Japón no ha abandonado nunca mi cabeza, está allí, latente. Y días como el pasado viernes es cuando bulle, se activa. Intenta rozar mi piel y consigue alterar mis sentidos para que estos refresquen sensaciones que creía olvidadas. Los olores del ramen, la calma de un onsen, el sabor de un anpan, el desconcierto de Shibuya…
Pasé un mes en Japón. Un mes increíble recorriendo uno de los países que más me han marcado, encontrándome con una cultura admirable y sorprendiéndome con una forma de ser que hacía que todo fuera más fácil a lo que estaba acostumbrada.
Volver fue duro. Demasiada nostalgia mucha de la cual aún sigue conmigo.
Traje de Japón sobredosis de recuerdos, incluso más que fotografías, y esta semana mi memoria pone cara a esos momentos y no dejo de acordarme de la mujer que compartió con nosotros unos bollitos con anko en la cima del Monte Asahi. Y del santo varón que nos rescató el día que nos perdimos por el Parque Nacional de Akan y nos llevó de vuelta a nuestro ryokan a pesar de que tuvo que desviarse de su camino más de 20 kilómetros. Y de las trabajadoras de Japan Railways que nos ayudaron a sacar todos los billetes de tren que necesitábamos para ese mes. Y de la camarera del restaurante cercano al Senso Ji a la que desesperamos una y otra vez al no entenderla. Y del chico que se quedó más de quince minutos mirando el plano de Akihabara para ver si podía ayudarnos a encontrar el Mr. Potato. Y del cocinero del Golden Gai con el que nos reímos un montón… Confío, quiero creer, que todos ellos estarán bien.


Y sé, de esto sí estoy segura, que este país saldrá adelante. Serán mejores y más fuertes. Conservando esa forma de ser tan especial y construyendo un futuro al que yo miraré con envidia y esperanza.
¡Mucha suerte!
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