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#Transiberiano2011 >> Trayecto Beijing – Shanghai

Tren nocturno D311. Vagón 10. Litera 27. Duración: 10 horas.

Veintisiete días después de aquel primer e inocente tren que abandonó Europa para sumergirse en Asia, tocaba despedirse del viaje más ferroviario de mi vida con un último tren, el sexto.

Huyendo de los extremadamente nuevos tren balas chinos (que tan poco seguros se habían mostrado hasta la fecha) elegimos un billete en un clásico tren-nocturno, que realiza el recorrido en 10 horas.

¿Clásico? Para nada. En la estación de Beijing nos encontramos con el más moderno y cómodo tren de todos en los que habíamos viajado.

Desde el samovar, pasando por los baños, los compartimentos, el vagón-restaurante… todo resultaba inesperadamente cómodo y confortable. Tanto que la noche pasó en un suspiro.

Tren Beijing - Shanghai

Cuando se hizo de día fuimos conscientes que a esta historia le quedaban muy pocas hojas. El tren corría veloz hacía el último capítulo. Un epílogo de pocas líneas añadido a última hora que tenía por título Shanghai y cuya última palabra no podía ser otra que fin.

#Transiberiano2011 >> Trayecto Helsinki – San Petersburgo -Moscú

Tren Allegro. Recorrido Helsinki – San Petersburgo. Duración: 3 horas y media

El primer tren del viaje tenía todos los ingredientes del tren occidental moderno que tanto se estila en Europa: colores neutros, líneas curvas y pequeños detalles para intentar ser acogedores pero siempre con ese “algo” que te deja bien claro que estás de paso.

Por su parte, la primera frontera terrestre que pasamos fue, como todo ese recorrido, algo sencillo y poco anecdótico: un formulario que rellenar, una parada de no más de 10 minutos, identificar tu equipaje y enseñar tu visado. Listo, abandonas Finlandia y entras en Rusia sin alteraciones.

Estación de tren de Helsinki

Tren nocturno Smena – A. Betancourt. Coche 3. Litera 15. Duración: 8 horas y cuarto.

El segundo tren, este nocturno y ya metidos de lleno en pleno caos ruso, fue tambien insípido y cómodo: compartimos vagón con una madre y su hijo que estaban tan deseosos de irse a dormir como yo. Lo único sorprendente y que se salió del guión fue que nuestra esperada provodnitsa era un chavalín joven, que hablaba inglés y que, por sus buenos modales, no parecía muy ruso. Al amanecer llegamos a Moscú, con un sol espléndido y después de haber descansado bien.

Tren nocturno San Petersburgo - Moscú