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Lugares donde pasar el resto de mi vida: Paseando bajo la lluvia en el silencioso Palacio Cultural de los Trabajadores en Beijing

Los viernes viajamos con los recuerdos que nos dejaron lugares y momentos únicos, hoy vamos a…

Beijing, la calma tras la tormenta

Vuelve la traicionera lluvia a nuestro día a día por lo que hoy viajamos a un lugar al que estos días lluviosos le sienta muy bien: por los increíbles reflejos que se crean, por la tranquilidad que rezuma el espacio y por los olores a flores que inyecta en el ambiente.

Cerca de la Ciudad Prohibida en metros pero muy lejos en agitación se encuentra el Palacio Cultural de los Trabajadores de Beijing.

Tras ese nombre tan rimbombante se encuentra uno de los rincones más bellos y agradables de esa ciudad.

Merece la pena dedicar unas horas a pasear, deteniéndose a contemplar sus delicados tejados, sus cuidados parques y los majestuosos interiores de sus templos. Disfrutando de este paréntesis de quietud en esta trepidante ciudad.  Llueva o no llueva, Beijing se merece una visita… aunque sea con los recuerdos que nos dejó la primera vez.

 

Palacio Cultural de los Trabajadores en Beijing

Argentina y Chile en tránsito :: Allende y Neruda, recuerdos de un Chile que no pudo ser

Días paseando por Santiago, buscando en sus calles recuerdos de una historia que no fue. O, más bien, que fue demasiado cruel y fugaz.

Neruda y Allende están en la ciudad y quien los busca, quien los busca mucho, los encuentra sostenidos por la memoria de quienes no olvidan.

Sus nombres no aparecen en las avenidas principales, ni hay souvenirs en las tiendas para turistas, ni sus caras dan forma a las monedas del país. Están, silenciosos, en museos y casas-conmemorativas cuyos guías se encargan de hacer oír sus voces.

No deja de ser curioso, o triste, o ambas cosas, que dos de los chilenos más internacionales (olvidándonos de Pinochet y su fama a base de muertos) estén tan poco valorados en su patria.

Imagen de Neruda en Santiago

En Santiago tuve la oportunidad de hablar con algunos chilenos sobre estos temas, ellos veían que, al igual que en España, no se había hecho lo suficiente por cerrar las heridas y hacer justicia tras el golpe militar de Pinochet; por lo que se seguía hablando bajito de algunos temas para no crear más polémicas de las deseables.

Estatua de Allende en Santiago

Como ya he escrito anteriormente, todo destino tiene un motivo y el mío para viajar a Chile tenía nombre y apellido: Salvador Allende, la pena fue que en mi viaje no encontré los recuerdos que pensaba que este personaje habría inculcado en la ciudad en la que se dejó la vida.

 

DICCIONARIO DEL TRANSIBERIANO: O de Olores

Diccionario del Transiberiano: Un pequeño repaso al viaje siguiendo el mapa del alfabeto.

Collages fotos Transiberiano

O de Olores

Redescubrir o rememorar el viaje a través de la memoria olfativa es la forma más intensa de volverte a sentir “transiberiando”.

De esta forma, podríamos concluir que mi viaje empezó rodeada del olor a desinfectante, fruta de mercado y pulcritud propia de Finlandia. De ahí a Rusia, lugar que está asociado al olor acre de la gasolina mal consumida, la humedad decadente de los muros históricos de sus edificios y el de las multitudes que se amontonan y se mueven como ejércitos descabezados. Luego llegó Mongolia, donde al olor de animales y excrementos se une el del vacío, la tierra y el agua. Y todo acabó en China, donde se mezcla con el olor del aceite frito, el humo de los coches, la dulzura empalagosa de las flores y frutas y los caros perfumes que ambientan las tiendas de lujo.

Y, por supuesto, también están todos esos olores que no llegas nunca a oler durante el trayecto en tren: los bosques, los ríos, los lagos, la leña de las casas… están detrás de un cristal que hace que veas el humo salir de las chimeneas pero no captes nunca el olor a tronco quemado.

 

Este es otro viaje. Un recorrido guiado por el olfato que ayuda a las imágenes a ponerlas en un contexto más cercano y, curiosamente, más tangible.

 

Hablando del Transiberiano: Punto y final y primeras frases

Igual que sentimos que los viajes empiezan en el momento que toman forma en nuestra cabeza y no únicamente cuando nos subimos a ese coche, barco o avión que nos llevará a nuestro destino elegido; tampoco podemos hablar de su final cuando, cansados y melancólicos, llegamos de nuevo a nuestra casa. En ese mismo instante en el que las maletas y mochilas tocan el suelo de la habitación, el viaje y su ejército de acólitos recuerdos y anécdotas reanudan el recorrido, dejando de lado partes de lo ocurrido, magnificando pequeños momentos y tergiversando sin maldad otros instantes.

Tren Rossiya Transiberiano

Volvemos a empezar el viaje. Y lo haremos una y otra vez: cada vez que contemos a alguien cómo fue, cuando revisemos las fotos que tomamos, al encontrarnos con algún objeto que nos acompañó en el trayecto o simplemente, cuando pensemos en esos días para abandonar la apatía que provoca un día lluvioso y feo.

Cuaderno y mapa viaje

Hoy empieza de nuevo mi Transiberiano. Ese viaje tan especial que durante un mes me ha llevado en tren desde Helsinki a Shanghai, recorriendo casi 7.500 kilómetros de vía férrea a través de 4 países. Que ha sido más duro de lo esperado pero, por ello, hoy día es más valioso en mi cabeza.

Un viaje que tenía una clara influencia literaria y que hoy vuelve a mí en forma de letras y frases. Frases desordenadas, impulsivas y aprendidas. Tal como fue el viaje y tal y como soy yo.

Japón en mi cabeza

Sin duda este es un post oportunista.

De estos que se aferran a una noticia que ha llevado una palabra (o, en este caso un lugar) a la boca de todo el mundo. Y, por supuesto, también a sus teclados y de pronto toda la red habla de eso. JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón JapónJapón llevamos 72 horas escuchando y leyendo esa palabra en todas partes.

Cartel terremoto Japón

Diseño de Signalnoise

Aunque no es del todo cierto que Japón haya surgido en mi mente debido al terremoto del día 11. Desde hace unos cuantos años Japón no ha abandonado nunca mi cabeza, está allí, latente. Y días como el pasado viernes es cuando bulle, se activa. Intenta rozar mi piel y consigue alterar mis sentidos para que estos refresquen sensaciones que creía olvidadas. Los olores del ramen, la calma de un onsen, el sabor de un anpan, el desconcierto de Shibuya…

Pasé un mes en Japón. Un mes increíble recorriendo uno de los países que más me han marcado, encontrándome con una cultura admirable y sorprendiéndome con una forma de ser que hacía que todo fuera más fácil a lo que estaba acostumbrada.

Volver fue duro. Demasiada nostalgia mucha de la cual aún sigue conmigo.

Traje de Japón sobredosis de recuerdos, incluso más que fotografías, y esta semana mi memoria pone cara a esos momentos y no dejo de acordarme de la mujer que compartió con nosotros unos bollitos con anko en la cima del Monte Asahi. Y del santo varón que nos rescató el día que nos perdimos por el Parque Nacional de Akan y nos llevó de vuelta a nuestro ryokan a pesar de que tuvo que desviarse de su camino más de 20 kilómetros. Y de las trabajadoras de Japan Railways que nos ayudaron a sacar todos los billetes de tren que necesitábamos para ese mes. Y de la camarera del restaurante cercano al Senso Ji a la que desesperamos una y otra vez al no entenderla. Y del chico que se quedó más de quince minutos mirando el plano de Akihabara para ver si podía ayudarnos a encontrar el Mr. Potato. Y del cocinero del Golden Gai con el que nos reímos un montón… Confío, quiero creer, que todos ellos estarán bien.

Rezos en Senso JiPeatones en Shibuya

Y sé, de esto sí estoy segura, que este país saldrá adelante. Serán mejores y más fuertes. Conservando esa forma de ser tan especial y construyendo un futuro al que yo miraré con envidia y esperanza.

¡Mucha suerte!

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Si quieres ayudar a que esa “suerte” sea real, colabora haciendo una pequeña aportación económica, por ejemplo, a la Cruz Roja.

En la maleta

Sigo merodeando… ¡me gusta no centrarme!
Estos son mis compañeros de viaje de los últimos años:

Cada una de estas libretitas me ha acompañado a mis viajes y son el mejor souvenir que me he traído jamás de un país.
La mayoría de estos cuadernos de viaje se empezaron mucho antes que el propio viaje. De hecho, fueron quienes dieron cuerpo y realidad a proyectos de viajes que no eran más que ideas deslavazadas.
El motivo por el que mis cuadernos aparecen en el segundo post es porque son los causantes directos de que nunca haya abierto un blog de viajes. En ellos están los preparativos, el planning, el propio viaje y las conclusiones posteriores… ¡de hecho, son parte irremediable del viaje!
Ahora esos cuadernos de viaje también serán mi memoria y mi mayor fuente de inspiración para futuros comentarios. De esta forma, podré profundizar sobre temas que entonces planteé pero no llegué a desarrollar o que ahora veo de una forma distinta.
Y, mientras tanto, iré buscando un nuevo compañero de papel para mi próximo viaje porque un blog nunca podrá sustituirlos : )

Donde dije digo viaje

Toda una vida resistiéndome a empezar un blog de viajes y, al final, hoy estoy inaugurando uno.

Y es que, según se acumulan los kilómetros recorridos, los espacios y los momentos empiezan a mezclarse formando unas nuevas ciudades invisibles. Un caos de calles que terminan en plazas con vistas a un mar de arena. Un café compartido en un aeropuerto en el que nunca aterrizaste. Una gasolinera que desaparece del mapa y en su lugar das con un puesto de algodón de azúcar. Un sabor que sólo existió allí y que nunca podrás volver a paladear. Esa música que tan bien encaja con cada fotograma que llega a tus ojos desde la ventanilla de ese autobús

Bien pensado (y mejor definido), este no será un blog de viajes sino de lugares. De sitios más o menos lejanos que han decidido ocupar su parcela de memoria y no podrán ser expulsados sino simplemente adormecidos a base de somníferos legales que, a cierta edad, los ciudadanos occidentales suelen incorporar a su dieta y a su rutina.

Un blog de lugares y de instantes. Los… ¿te acuerdas cuándo…?, ¿dónde fue eso de…?, me acabo de acordar de ese día… Esos segundos que hacen que un viaje merezca la pena. Que dan sentido a lo que los libros no consiguen explicar. Que inyectan una sustancia tóxica y adictiva que sólo se puede intentar paliar buscando otro y otro más de esos segundos, de esos instantes: Viajando.

Por eso, en este blog recién desvirgado no sólo habrá recuerdos en forma de fotos y letras sino que también habrá sitio para post quiméricos con itinerarios y mapas. Y es que un viaje pasado no es sino la semilla de uno futuro…

 

Vuelvo a sentir esa sensación; aquella que se te adhiere al estómago cuando estás esperando a que tu vuelo aparezca anunciado en las pantallas del aeropuerto, esa que mezcla las ganas de empezar el viaje y el pánico por lo que será o por lo que quizás no sea…